Enestos días supe de una noticia que me llenaba de sensacionesencontradas. Este año se repartirían por última vez las Páginasamarillas, esa publicación que formó parte de la vida de variasgeneraciones, la mía entre ellas.
LasPáginas amarillas, igual que ocurría con el listín telefónico, serepartían cada año puerta a puerta. Además, se hacía a cambio deentregar las del año anterior, en un ejercicio de reciclaje queteníamos asumido como normal antes de que la (in)cultura de usar ytirar acababa con todo. Eran los tiempos en que íbamos a comprarhuevos con un recipiente al efecto, o que retornábamos los cascos delas bebidas a cambio de que no nos cobraran los nuevos.
Perolas cosas fueron cambiando en pocos años mucho más de los quehabían cambiado en muchos siglos y en poco tiempo ni había hueverasni se retornaban los cascos, y el listín telefónico fue engullidopor Internet. La vida de las Páginas Amarillas empezaba su cuentaatrás inexorable. Y, aunque pudiera parecer que resistirían,castillos más altos ya habían caído, como el Círculo de lectoresque tanto tiempo nos había acompañado.
Paraquien no lo sepa, las Páginas amarillas eran una publicación de esecolor donde se anunciaban todo tipo de servicios y profesiones. Sehacía para que resultaran fáciles de consultar cuando se necesitaracualquier cosa, desde un fontanero hasta un traductor de suajili.Eran, en definitiva, como el Google de la era analógica, de esemundo donde el significado de las palabras y la información sobrecualquier tema se consultaba en diccionarios y enciclopedias depapel.
Poreso, precisamente, era cuestión de tiempo que desaparecieran. O quelo hiciera al menos su soporte físico, ya que, según parece,seguirán funcionando en su versión digital.
Hacíamucho tiempo que no las consultaba, Incluso confieso que en losúltimos años alguna de sus ediciones se ha quedado virgen devisitas con su plástico protector intacto. Todo un símbolo de otrostiempos.
LasPáginas amarillas eran un reducto que se mantenía, pero ya noestarán en nuestras casas. Con ella acaba una época de cascosretornables, de hueveras, de listines telefónicos puerta a puerta yde esperadas visitas mensuales del Círculos de lectores.
Nosiempre se puede decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero noestá de más echar la vista atrás y recordar que, no hace tantotiempo, las cosas eran muy diferentes. O tal vez no lo fueran tantocomo pensamos.