Llevounos días tarareando un estribillo que hoy parece cobrar nuevo sentido.Aquellas pequeñas cosas de las que hablaba Serrat que, aunque para cada cualsean distintas, no hacen sino redescubrirnos lo que hasta hace poco nos pasabadesapercibido.
Cuandohemos presenciado la monumentalidad del funeral del estado hemos sidoconscientes de la magnitud de la tragedia que hemos vivido o, mejor dicho, queestamos viviendo, porque aunque hayamos doblegado la famosa curva, ni el virusse ha ido ni la gente ha dejado de morir aunque, por suerte, sean muchos menos.
Si enalgo hemos de pensar en estos momentos es en el valioso regalo de la vida,desglosado en todos esos pequeños detalles de los que ni siquiera éramosconscientes. Esa caricia repentina, ese chiste con poca gracia, aquella cena,esa comida, aquella nota garabateada, ese pequeño regalo que tanta ilusión noshizo, las pequeñas celebraciones de cada día, en definitiva.
Imaginoa todas esas personas que han perdido a sus seres queridos sin siquierapoderles dar un último abrazo y me siento muy triste. Pero sé a ciencia ciertaque el recuerdo que les quedará para el futuro será un puzle formado por todas laspiezas construidas en otro tiempo y alejadas de virus y hospitales, y esa herenciaes la que pasará a formar parte de su bagaje para seguir viviendo.
Noesperemos a que sea tarde y aprendamos ya a atesorar las pequeñas cosas para elfuturo. Abramos bien los ojos para que no nos pasen desapercibidas y aprendamosa disfrutarlas a tiempo antes que llorarlas a destiempo.
Elenemigo acecha. El virus nos ha demostrado que es mucho más que una tragediapasada y una amenaza presente. Es una realidad que ha devuelto a sus casas amuchas personas, en una especie de bucle sin fin. Y bien está hacer acopio decosas hermosas para esperar con paciencia el fin de esta pesadilla.
Aun con mascarillas,distancias de seguridad y con todas las medidas que no nos queda más remedioque mantener, seguro que tenemos cada día unos cuantos de esos pequeños tesorosocultos que guardar en el cofre de nuestra memoria. Pongámoslos a buen recaudopara echar mano de ellos en cada momento en que necesitemos sentirnos bien. Queno haga falta una pandemia para aprender la importancia de las pequeñas cosas.Porque las cosas pequeñas son las que hacen grande la vida.
Que el virus no nos robe lailusión de las pequeñas grandes cosas