Quién le iba a decir a los hosteleros denuestra Comunitat que este enero iban a afrontar la cuesta más difícil de losúltimos tiempos. Y digo quién porque hasta el mismo lunes la Generalitat seguíaenviándoles mensajes tranquilizadores. Ese día, 18 de enero, el president delConsell afirmó que el 56% de los contagios se producían en el ámbitodomiciliario o en la "estricta intimidad". 24 horas después anuncióel cierre total de la hostelería.
¿Qué pasó en esas 24 horas para un cambiode rumbo tan drástico? La respuesta la dio el presidente de la Federación de HosteleríaValenciana, Manuel Espinar: “Felicitamos a todos los políticos que nosquerían cerrar, mañana habrá más familias arruinadas, eso sí el Botánico estarámás unido que nunca”. Chapó.
La capacidad de resistencia de loshosteleros sobrepasa todos los límites. Se han lanzado mensajes criminalizandoa un sector que ha hecho un esfuerzo enorme, que ha invertido para adaptarse alas nuevas restricciones y que sólo ha recibido a cambio más y más golpes.
Después de diez meses sin apenas actividad,los gastos se han mantenido intactos (impuestos y tasas, alquileres, nóminas,seguros sociales, cuotas de autónomos) pero los ingresos han ido cayendoprogresivamente hasta alcanzar, en las últimas semanas, el 78% de sufacturación, lo que ha supuesto unas pérdidas acumuladas de 100.000 euros paracada establecimiento desde el inicio de la pandemia.
A pesar de esta situación, el gobiernomunicipal de Compromís y PSPV se ha dedicado a dar la espalda a un sector quees motor fundamental de la economía de Valencia con más de un 20% deafiliaciones a la Seguridad Social ligadas a este sector.
Esta pasividad del Gobierno de Ribó seplasma en su incapacidad de aprobar un presupuesto para 2021 acorde a la dramáticasituación económica sin precedentes que estamos viviendo y que sufreespecialmente la restauración, el ocio nocturno y el comercio.
Un presupuesto en el que se mantiene lasubida de impuestos de 30 millones de euros y desaparece inexplicablemente lalínea de ayudas directas a la hostelería. ¿En qué cabeza cabe que se puedanseguir aplicando las mismas ordenanzas fiscales que las aprobadas en 2019 conuna situación económica que nada tiene que ver con la actual?
Tan sólo aplicando el sentido común,cualquier ciudadano estará de acuerdo en que las empresas no pueden estarobligadas a pagar los mismos tributos si se impone su cierre y no puedendesempeñar su actividad alegando el bien común.
No es entendible que, obligados a cerrar, siganpagando los mismos impuestos relacionados con la actividad económica sin poderdesarrollarla. El principio de capacidad económica impide el gravamen de lostributos cuyo objeto imponible no constituya una manifestación de riqueza real,evidente ante la ausencia de ingresos por las restricciones a ejercer suactividad.
Las medidas anunciadas recientemente por elAyuntamiento de Valencia las podemos calificar como ridículas. Tan sólo llegan al 0.6% de lo que se recaudapor tributos. Absolutamente insuficiente.
El supuesto “Gobierno del progreso” deCompromís y PSPV que llegó prometiendo mejorar la vida de la clase trabajadora vaa dejar, tras su nefasta gestión económica de la pandemia, una ciudad deparados. Un paisaje dantesco de negocios cerrados, bajos vacíos y familiasempobrecidas. Porque detrás de las empresas a las que este gobierno no quiereapoyar hay miles de trabajadores a los que se les está dando la espalda.
El lema “No dejaremos a nadieatrás” ha supuesto que el 88 % de los establecimientos de nuestra ciudadaseguren que sin ayudas no podrán llegar a finales de marzo, que el 28% yahayan cerrado y que las plantillas se hayan visto reducidas al 40% .
Desde el Grupo Municipal Populartenemos claro que la solución pasa por aliviar la carga impositiva del sector y un planambicioso de ayudas directas inmediatas acordes a las pérdidas sufridas porcada establecimiento y al volumen de los mismos. Hemos presentado decenas deiniciativas en el Ayuntamiento de Valencia en este sentido, todas rechazadaspor el equipo municipal, pero vamos a seguir insistiendo porque nosotros no osvamos a dejar solos.
Por eso, este mismo jueves volveremos apedir en el Pleno que no se cobren impuestos y tasas a quienes se han vistoobligados a cerrar sus negocios, que se aprueben bonificaciones fiscales paraaquellos que puedan mantener el empleo y que se apruebe un paquete de ayudasdirectas con los 12 millones de euros extra que acaba de ingresar elAyuntamiento por la liquidación del 2018. Un salvavidas necesario para unsector que grita un SOS cargado de razones.
Lo que vote Compromís y PSPV marcará elfuturo de muchas familias de esta ciudad. El PP no va a cejar en su empeño deayudarlas.
Lo más grave de esta pandemia son, sin duda,los más de 80.000 fallecidos en todo el país, de ellos más de 690 vecinos de laciudad de Valencia, pero también la peor crisis económica vivida en los últimostiempos y que continuará una vez superada la sanitaria.
Lapolítica fiscal y las ayudas a la hostelería de nuestros socios europeos handejado en evidencia al Gobierno de Sánchez, al del Sr.Puig y al del Sr.Ribó pormucho que ahora algunos hagan anuncios que no sabemos cuándo llegarán a lascuentas de nuestros hosteleros. Vamos tarde y cortos. El verdadero salvavidasno llega.