El esperado regreso de Laura Pausini a Valencia fue mucho más que un concierto: fue una celebración emocional que reunió a 12.000 personas en el Roig Arena, ávidas de reencontrarse con una artista que no actuaba en la ciudad desde 1995. Tres décadas después, la italiana demostró que su conexión con el público sigue intacta, incluso más viva que nunca. Su carisma, personalidad, simpatía y trayectoria quedaron retratadas en todas y cada una de las canciones que interpretó y en cada comentario.
Desde el primer momento, Pausini desplegó ese desparpajo que la caracteriza, sin filtros, cercana, auténtica. Uno de los instantes más comentados llegó cuando, entre risas y naturalidad, soltó una de las palabrotas en español que más le gustan —“coño”— que desató carcajadas y confirmó que sobre el escenario no hay artificio: solo ella, tal cual es. Y coño, coño y venga coño. Todo ello, además, con la presencia de sus padres entre el público, en una noche que también tuvo un marcado carácter familiar y emocional.
El concierto avanzó con una energía creciente, apoyado en una puesta en escena espectacular y una banda sólida que acompañó cada matiz de su voz. Durante dos horas y media, Pausini recorrió algunos de sus mayores éxitos, esos himnos que han marcado generaciones, pero también abrió espacio para reinterpretaciones incluidas en sus proyectos Yo canto 1 y Yo canto 2. El público pudo disfrutar de versiones de grandes clásicos internacionales como El patio, de Pablo López, una delicada canción de Jeannette, ‘Por qué te vas’, Bachata rosa de Juan Luis Guerra, Antología de Shakira o el inolvidable Hijo de la Luna de Mecano, que resonó con fuerza en el recinto.
Uno de los momentos más tiernos de la noche llegó cuando una niña de Ciudad Real subió al escenario y compartió unos versos con la artista. Lejos de ser un gesto anecdótico, fue una muestra más de la cercanía de Pausini, que convierte cada concierto en una experiencia única, donde el público no solo escucha, sino que participa y se emociona.
La entrega de las 12.000 almas presentes fue absoluta. Cada canción fue coreada, cada pausa celebrada, cada gesto correspondido. La artista, visiblemente emocionada, no dudó en reconocer que el calor valenciano podría hacerle replantearse un regreso mucho más próximo en el tiempo.
Tras la intensidad del concierto, la cantante aprovechó su estancia para disfrutar de la calma de Albufera de Valencia, donde al día siguiente se relajó con un paseo y una tradicional paella en un restaurante a pie del parque natural. Un cierre perfecto para una visita que ha dejado huella tanto en ella como en su público.
Valencia la esperaba. Y Laura Pausini no decepcionó. Ci rivediamo!!!