Lapasada semana sabíamos de una buena noticia que, en realidad no loera tanto. Y a la que, por cierto, se le dedicó mucho menos tiempodel que merecía, como parece que ocurre con las cosas realmenteimportantes.
Tresbomberos españoles se enfrentaban en un juicio en Grecia por unpresunto delito de tráfico de personas en Lesbos. Cometido, segúnse les acusó, cuando lo que hacían era precisamente lo contrario:salvar vidas poniendo en riesgo la suya propia. Algo que iba adescribir como una paradoja, pero es mucho más que eso. Es el mundoal revés. Acusar a quienes sacrifican su comodidad para largarse amuchos kilómetros para salvar vidas.
Porfortuna, fueron absueltos. Una aparente buena noticia, como decía alprincipio. Por eso les dedican unos minutitos, aplaudimos, nosquedamos tranquilos, y a otra cosa, mariposa. A seguir con nuestrasvidas y con nuestras preocupaciones grandes o pequeñas desde nuestrosofá. Y a conformarse con eso de que “bien está lo que bienacaba”.
Perola cosa va más allá. Ellos fueron absueltos, sí. Pero no sin antespasar por el calvario de su detención, la obligación de volver acasa y dejar su misión, y la zozobra de unos meses en que no sabíanque iba a pasar con sus vidas. Y, lo peor de todo, el aviso anavegantes que esto supone. Cuidado con meterse en esos fregados queel precio puede ser muy alto. Un mensaje disuasorio donde los hayapara quienes se planteen coger sus mochilas y cruzar allende losmares para una misión humanitaria de ese cariz.
Asíque no nos dejemos engañar. No nos conformemos con el mensaje fácilde que se ha reparado la injusticia. Solo se ha puesto un parche, unremiendo. La injusticia con ellos existió, y solo se han aminoradosus efectos. Pero la injusticia que subyace, las cosas que pasan cadadía en el lugar del que ellos tuvieron que regresar, sigue ahí.Cada día muchas personas arriesgan su vida por un futuro inciertoporque no tienen nada que perder. Y a quienes tratan de paliarlo seles disuade, se les pone difícil y hasta se les ignora. Porque ya senos han pasado los efectos de la foto del niño que conmovió almundo, a pesar de que muchos otros niños anónimos, sin foto ninoticia, siguen pasando por lo mismo. Ahí y en muchas otras partesdel mundo.
Noes una buena noticia, aunque sí lo sea para la situación personalde esos hérores. En realidad, es una falsa buena noticia. No es másque alivio, una tregua en una situación terrible que sigue ahí apesar de que hayan dejado de dedicarle minutos de informativos, y detiempo en las agendas políticas.
Quelos árboles no nos impidan ver el bosque, un bosque de olas en estecaso. No nos quedemos en la superficie del agua, que el fondo del marestá lleno de cadáveres.
SUSANAGISBERT
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