Cuandoesta mañana vi el mensaje no lo podía creer. O mejor dicho, no loquería creer. Nos dejaba José Antonio Burriel de San Vicente, “elBurri”, como él quería que le llamáramos.
Nopodía creer que ya no recibiré más llamadas felicitándome poresto o aquello, alentándome a seguir en esa lucha común que hemoscompartido y despotricando porque siempre se hace menos de lo que sedebería. Echaré de menos esas llamadas. Y mucho
Haceya más de veinte años que aterrizó en mi vida, para quedarse parasiempre, esa persona luchadora y afable que él era. Por aquelentonces andaba metido en los cursos de especialización del colegiode abogados de Valencia, uno de los primeros de España en tomar lasriendas contra la violencia machista. Pero también estaba en milhistorias más, entre premios, artículos, conferencias y reunionesvarias, siempre con el mismo propósito: acabar con esta pandemia quees la violencia de género.
Nome voy a extender en su currículo, porque cualquiera puede teneracceso a él, si es que no lo conoce. Pero sí en la persona, que notodo el mundo conoce. Esa persona que siempre tenía preparada unabroma a golpe de su sempiterno bastón, que no le impedíadesplazarse allá donde hiciera falta. Hasta el infinito y más allá.Esa persona que siempre tenía disponible el teléfono y que nunca,nunca, se olvidaba de algo esencial. Burri siempre encontraba eltiempo para llamarte cuando algo le parecía bien. Y, en un tiempo enque las personas parece que solo abrimos la boca para quejas yreproches, es un rasgo que siempre se agradece.
Tuvimostiempo, por suerte, para hacerle un homenaje en vida, en aquelochenta cumpleaños de enero de 2017, donde tantas personas seacercaron, en persona o en espíritu, a devolverle, al menos, unamínima parte de todo lo que nos ha dado. Recuerdo que fue ese mismodía cuando recibí la llamada del Ayuntamiento diciéndome que yapodía hacer público un hecho que era uno de los sueños de mi vida:que iba a ser la mantenedora de la Fallera Mayor de Valencia. Tal vezotros no le den importancia pero él, que sabía cuánto significabapara mí, me dio uno de los primeros abrazos y me dijo algo que quedóen mi memoria para siempre. “Sé que aprovecharás esta oportunidadpara reivindicar la igualdad”. Lo hice, sin duda. Y le llevéconmigo aquel día, junto con tanta gente ala que quiero.
Siempreme decía que me quería acompañar cuando me dieran el premioPlaneta, y el Cervantes, y el Nobel, que a desear cosas buenas paralas amigas no había quien le ganara. Diría que ahora no seráposible, pero me equivocaría. Si algún día gano algo, tened porseguro que vendrá conmigo.
Graciaspor dejar un mundo mucho mejor del que te encontraste. Y gracias porser, siempre e incondicionalmente, amigo. Hasta siempre, Burri
SUSANAGISBERT
Fiscal(Twitter @gisb_sus)