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La ciudad que queremos volver a sentir

XIMO CATALÁN
El portavoz del PP en Sagunt, Ximo Catalán. / EPDA
El portavoz del PP en Sagunt, Ximo Catalán. / EPDA

Hay momentos en los que una ciudad habla sin palabras. Se nota en las calles, en el café del almuerzo, en ese gesto de resignación que cada vez vemos más a menudo. No hace falta que nadie lo diga en voz alta: algo no está funcionando.

Y no pasa nada por reconocerlo.

La política es pasajera. Las personas pasan, los cargos cambian, los gobiernos vienen y van. Pero la ciudad se queda. Se quedan sus vecinos, sus historias, su forma de vivir. Y por eso duele cuando sentimos que se está perdiendo algo que antes nos definía.

Porque sí, vemos grandes anuncios, proyectos ambiciosos, titulares que prometen mucho. Pero, mientras tanto, echamos de menos lo más importante: el día a día. Esa ciudad cercana, con alma de pueblo y mirada de ciudad, donde la gente se conoce, donde todo parece más humano, más nuestro.

Echamos de menos sentir orgullo al decir: esta es mi ciudad.

Una ciudad no se construye solo con grandes planes. Se construye en lo cotidiano: en calles cuidadas, en barrios vivos, en servicios públicos que funcionan, en la sensación de tranquilidad cuando vuelves a casa. En saber que puedes vivir aquí con calma, con seguridad, con comodidad.

Y ahora mismo, muchos vecinos y vecinas no sienten ni perciben eso.

No se trata de ir en contra de las oportunidades, ni de renunciar al futuro. Al contrario. Queremos una ciudad con oportunidades, con crecimiento, con ambición. Pero también queremos una ciudad que no se olvide de las personas. Un lugar donde, además de avanzar, uno se sienta arropado.

Porque crecer no debería significar alejarse.

Quizá por eso cada vez más gente siente que falta algo. Falta gestión del día a día, falta atención a lo cotidiano, falta esa conexión real con los vecinos y vecinas que transforme, que nos haga sentirnos orgullosos una vez más de nosotros y de nuestra ciudad. Falta escuchar, pero sobre todo, falta hacer.

Y cuando eso pasa, hay que tener la honestidad de decirlo: hace falta un cambio.

No un cambio por cambiar, sino un cambio que devuelva a la ciudad su esencia. Que combine nuevas ideas, nuevas formas de hacer y nuevas energías con algo muy sencillo pero fundamental: cuidar lo que somos.

Porque esta ciudad merece más que grandes anuncios. Merece hechos. Merece volver a ser ese lugar en el que apetece quedarse, en el que se vive tranquilo, en el que uno siente que pertenece.

Un lugar del que sentirse orgulloso. Y eso empieza por una oportunidad. La oportunidad de poder cambiar el rumbo de nuestra ciudad.

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