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¿Hacia dónde volarán los pajaritos?

Susana Gisbert

Hace ya tiempo que el verano es menos verano. Lasvacaciones ya no son lo que eran, y ni siquiera para los escolares duran lostres meses de antaño, que entre que los exámenes de septiembre son ahora enjulio, y que el colegio empieza mucho antes, están los pobre indignados porquesus vacaciones han sufrido un recorte parejo a todos aquellos de los que hanoído hablar a sus padres. Y es que la tijera se aplica a todo, al parecer,hasta a los días de asueto de nuestros niños.

Pero ya van varios años que echo a faltar algo quehabía sido tan propio del verano como la sangría, la paella o el chiringuitoplayero: la canción del verano. Me pregunto a dónde habrán ido a parar Los pajaritos de Maria Jesús que sonabanmachaconamente en cualquier verbena. Quizás se hayan ido con el gorila delfamoso baile, una vez que su intérprete, una Melody que se ha hecho mayor, leha dado la independencia, o hayan montado un zoo junto a aquel tiburón que nos repetía eso de No pares, sigue, sigue., o con el chipirón que hace no mucho se empecinabaen recordarnos que Todos los días sale elsol, como si no lo supiéramos Tal vez anden buscando La Barbacoa en El Chiringuito,preguntándose Que será lo que tiene elnegro, o esperando que se dejen caer por ahí La Flaca, Eva María consu maleta de piel y su bikini de rayas o MariaIsabel y su sombrero, o su tocaya, Antesmuerta que sencilla, por supuesto. Igual entre todos han desentrañado elsignificado de aquel Aserejé con elque nos perforaron los tímpanos hace ya varios agostos.

Pero es que claro, se empeñaban en hacernos bailar, yno está la cosa para bailes, por más que el famoso hijo de un no menos famosopadre siga empecinado en que andemos todo el día Bailando. Pero ahora parece que no tenemos el cuerpo para jotas, yya nadie nos pide que Bailemos el Bimbo,ni que demos Un pasito p’alante Maríani que nos conformemos con un sosegado Bailarpegados, y ya nadie le dice que baile a Salomé,por más que le sobrara el ritmo.

Como decía, el verano ya no es lo que era, y a nadiele importa si Aquí no hay playa o sile pisan o no, lleve o no lleve chanclas. La crisis, el paro y los recortesvarios se llevaron con ellos el espíritu del veraneo clásico y esos soniquetesquedaron fuera de lugar. Y A quién le importasi coges o no el tractor amarillo, elCadillac solitario, o La motocicleta que sirva para correr, ano ser que te asalte la Melancolía yquieras viajar en el tiempo, aún a riesgo de que te llamen El Venao o piensen que estás Loca.

Eso sí, como van las cosas, tal vez habría queresucitar otra de estas perlas de la memoria colectiva, y salir a la calle paragritar ante más de uno Que lo detengan,coreografía incluída. Igual se implanta una moda para las próximas protestasciudadanas. ¿Alguien se apunta?

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