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La homeopatía: ¿ciencia o magia?

ALICIA GINER

(ESCRITORA)

Soy una mujer joven, cuento con 52 años de edad. Hace once años graves lesiones venosas cerebrales pusieron en peligro mi vida y, hace cuatro el cáncer de mama decidió hacer de mi cuerpo su pasto. En consecuencia, sin quererlo, la curiosidad me ha hecho aprender mucha terminología médica y, como tengo un carácter abierto, soy cariñosa y afable, mis farmacéuticos, a quienes veo todas las semanas pues ingiero 17 pastillas diarias y debo ir a reponer existencias se han convertido en mis amigos del alma.

La noche anterior, en las noticias surgió un denominativo que llamó mi atención, homeopatía. Los deberes de madre y esposa no me permitieron ver la información completa y, al entrar en la farmacia, como un rayo a mi querido Eric le pregunto:

—Tete, ¿qué es homeopatía?

Él y su compañero, mi ya buen amigo Salva, una nueva adquisición en mi lista de inseparables sonríen y el receptor del tiro más certero comienza a explicar.

—Mira, Ali, eso es una pseudociencia, simplemente una creencia. Son diluciones sucesivas de la sustancia elegida, por supuesto en pequeñas dosis, con alcohol o agua destilada. Para prepararlos consultan libros de referencia llamados repertorios. Si es cierto algo, consideran la totalidad de los síntomas de los pacientes, incluyendo personalidad, estado psíquico, físico…

Salva interviene haciendo ver que no es un tratamiento verosímil, Eric asiente a sus afirmaciones.

—Es algo dogmático, un medicamento te puede sentar bien a ti, Ali, pero a otra persona le puede causar un montón de efectos secundarios.

No me parece muy ético, compis - les digo (con unos ojos como faros).

—No lo es —me contestan a la vez—. La OMS incluso alertó contra su empleo.

—Me parece una tontería, una cosa de críos.

Al llegar a casa me pongo a leer como una loca, después de las explicaciones de Eric y Salva mi ansia de conocimiento ha ido in crescendo, como la buena música. En el ordenador tropiezo con el concepto miasma, un principio infeccioso subyacente a enfermedades crónicas. Los homeópatas asocian estos a enfermedades específicas de los cuales, a su parecer, son consecuencia enfermedades diversas.

No os voy a mentir, francamente me encolerizo. Tendencias como esa lo único que hacen, a mi humilde parecer, es fomentar la hipocondría. Cada vez hay más gente que no lo puede soportar y, ¡claro!, curas un dolor insoportable con una pastilla de sacarina diciendo al enfermo que es un Valium. ¡Y hasta se duerme el puñetero!

Yo no soy moderna, tomo la medicación proferida por el médico y, cuando me sobreviene alguna duda, lo comento con este o con mis farmacéuticos. Deseo la salud a todo el mundo, eso quiero dejarlo muy claro, pero tendencias como esa la ponen en jaque, pues ha habido dos cosas que he aprendido en el hospital:

1. El malestar psíquico acaba provocando malestar físico.
2. La medicina no es la ciencia más exacta.

Cuidemos nuestro bienestar cogidos de la mano de gente que ha hipotecado su juventud estudiando para ello: médicos y farmacéuticos.

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