Aunque pudiera parecer otra cosa, nome he equivocado. No es Navidad, ni nos vamos a encontrara al tamborilero ni alos peces en el río, aunque las cosas son tan raras que no me extrañaría.
Estamos en pleno verano, el calor nodeja lugar a dudas. Pero, si las cosas no cambian mucho, esta vez no habráTractor amarillo, ni Pajaritos ni nada que se le parezca. No habrá orquestas nidisco móvil invitando a hacer La Barbacoa,a ir a El Chiringuito o a bailar el Bimbó con Georgie Dan, así que este añono habrá quejas con eso de que El negrono puede dormir.
Los temores se han hecho realidad y elocio ha acabado fastidiando al negocio. Acabaremos viendo como cierrandiscotecas y locales de copas. Y ojo, que seguro que pagan justos por pecadores,pero como con la salud no se juega, no va a quedar otra. A bailar en nuestracasa si no queremos volver a reducir nuestra vida social a los balcones.
Como quiera que una es festivalera,reconozco que echaré de menos, más que las discotecas, las verbenas. Me va aresultar extraño no acostarme cada fin de semana con la cama retumbando alritmo de las canciones que otros disfrutan a unos cuantos metros. Nunca penséque habría de ver un verano sin verbenas. Pero tampoco pensé que nunca vería unmes de marzo en Valencia sin Fallas, y aquí estamos.
Lo lamento mucho por todas esasorquestas que esperaban el verano como el maná. A la tristeza de todo el mundo,ellos añaden su ruina económica, un verdadero desastre. Ojala se encuentre laforma de compensarles y ellos encuentren el modo de sobrevivir.
Vivimos tiempos difíciles. Y, porfuerza, las noches bulliciosas de música y copas han de acabar convirtiéndoseen noches de paz, o poco menos. Así que, como no hay mal que por bien no venga,podemos aprovechar para conocer mejor a quienes forman parte de nuestras vidas,sean amigos o familia. Tal vez descubramos que tienen cosas interesantes quedecirnos, que hasta ahora habían quedado tapadas por los decibelios de cadanoche. Incluso podemos descubrir las cosas que queremos contar y de las quenunca fuimos conscientes. O descubrir el valor del silencio, que no es pocacosa.
Así que, aunque sea cursi y no estemosen Navidad, hagamos que estas forzosas noches de paz sean, como dice elvillancico, noches de amor. Ya llegarán Los pajaritos el verano próximo.