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¡¡OTAN, no, bases, fuera!!

PEPE CATALUNYA COLOR

(Cronista oficial d'Algar de Palància)

Militares españoles en una base militar.
Militares españoles en una base militar. // EFE

El 26 de septiembre de 1953, España y Estados Unidos firmaron, en el Palacio de Santa Cruz, el Pacto de Madrid o Convenios hispano-norteamericanos, gracias a los cuales España recibió una ayuda militar, económica i alimentaria (algunos de los vehículos militares recibidos habían sido usados en la guerra de Corea y muchos nos acordamos de la leche en polvo, queso y mantequilla). En virtud de estos acuerdos, se permitió a los Estados Unidos la instalación de uso compartido de la base naval de Rota y la base aérea de Morón, y las ya no utilizadas actualmente de Torrejón y Zaragoza, estableciéndose obligaciones mutuas y el respeto a la soberanía española. El 17 de enero de 1966 ocurrió un gravísimo percance, ya que tuvo lugar un choque sobre el territorio de Palomares (Almería) entre dos aeronaves norteamericanas que transportaban bombas nucleares, de las cuales tres cayeron en tierra y una en el mar, con las gravísimas e inciertas consecuencias derivadas de este accidente, que podrían haber sido irremediables. Fue famoso el baño de Fraga Iribarne con el embajador de USA, Angier Biddle Duke, en la playa de Palomares, para tranquilizar a la población.

Mediante referéndum convocado por el gobierno socialista de Felipe González, el 12 de marzo de 1986, con el voto favorable del 52,24 % de los participantes, se acordó la entrada de España en la OTAN, si bien en principio ello conllevaba su no integración en su estructura militar. En 1997, bajo el gobierno de José María Aznar, del Partido Popular, España se incorporó a dicha estructura militar. Con todo, hay que decir que los vínculos de España con la OTAN se habían acrecentado con anterioridad, ya que, en 1995, el socialista Javier Solana fue nombrado Secretario General de dicha organización.

Durante los años ochenta del siglo XX, fuimos muchos españoles, especialmente los más jóvenes, llevados de nuestro idealismo y nuestro pacifismo, y por entender que ello suponía una cesión de soberanía y una sumisión a los Estados Unidos, quienes hicimos patente nuestra oposición bajo el lema “¡ OTAN, NO, BASES, FUERA !”. Sería discutible si, desde un punto de vista pragmático, políticamente, estuvimos en ese momento acertados o no.

Es un hecho constatable que España, tanto con la instalación de las bases norteamericanas como desde su integración en la ONU y en la OTAN, ha cumplido con sus compromisos en aras de la paz y la seguridad en el mundo: aumento de su gasto militar, con el compromiso de invertir en seguridad el 2,1 % de su PIB, contribución militar a la vigilancia aérea rotatoria en Bulgaria, Estonia, Letonia, Polonia y Rumanía, liderazgo de la operación de la OTAN en Eslovaquia, liderazgo del sector Este de la misión en Líbano, con 700 efectivos, mantenimiento de casi 4.000 efectivos militares en 17 misiones internacionales, apoyo a la estabilidad en el Mediterráneo y el Sahel, diplomacia humanitaria y de paz, etc.

Y así llegamos a la actual guerra injustificada e ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano, guerra a la que se ha opuesto nuestro presidente del gobierno, Pedro Sánchez, con un rotundo NO A LA GUERRA, por entender que la misma va contra las más elementales normas del Derecho Internacional. Ante esta postura del gobierno español no han cesado los insultos y las amenazas de Mr. Trump y de su Administración a España, incluso con la de proponer la expulsión de la misma de la OTAN, algo que va en contra del Tratado de fundación de este organismo, firmado en Washington el 4 de abril de 1949. Ante este deseo, por parte de Trump de acatamiento y sumisión a sus decisiones, por ilegales que sean, quizá, sin que él se lo proponga, está dando pábulo a que, en nuestro país, mutatis mutandis, resurja el lema de “¡OTAN, NO, BASES, FUERA!”.

Sobre el autor

PEPE CATALUNYA COLOR
JOSEP CATALUNYA

Cronista oficial d'Algar de Palància

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