Voy a contar dos ejemplos en primera persona que, desgraciadamente, no son excepciones, según he podido sondear con compañeros de trabajo y amigos. A mis padres, CaixaBank de Moncada (Valencia) les estaba cobrando 288 euros al año (72 euros al trimestre) por la cuenta que hemos cancelado esta misma mañana. A mí me cobran 12 euros al mes por una cuenta en el Banco Santander, que se lleva buen botín de sus clientes, aunque seamos pequeños accionistas. En mi caso, 2.000 euros invertí hace unos 8 años y he perdido un 60% del valor. Doble ruina, la de las acciones que cada día valen menos, y la de las comisiones que cobran pese a tener domiciliado un par de cosas. Recuerdo que abrí cuenta en este banco porque la cuenta 1,2,3 no cobraba comisiones. Pero claro, la propaganda en televisión, que les cuesta una fortuna contratar a Rafa Nadal, la tienen que pagar a base de comisiones, cambiando las reglas del juego, dado que con los intereses negativos que impone el Euríbor, no tienen otra manera de hacer negocio. En este caso, para no pagar comisiones existe la cuenta One, según el director de la oficina de mi cuenta, debo domiciliar la nómina con un mínimo de 600 euros, pero tampoco es suficiente. O un seguro de 120 euros o un fondo del no-sé-qué de 5.000 euros. Pero, ojo, que tiene un montón de ventajas que me quiere contar el director, entre ellas sumar 'avios', que son puntos de Iberia. En definitiva, otra vuelta de tuerca para engañarte, sacarte más dinero y engancharte durante un tiempo más. Hasta que vuelvan a cambiar las condiciones y te exijan otras cosas.
Todo esto después de que en la crisis financiera del 2007-2010 los ciudadanos pagáramos el rescate de las cajas de ahorro, que se las quedaron los bancos poderosos -en Valencia sólo quedó Caixa Ontinyent y Caixa Popular, el resto se lo han repartido en Madrid y Cataluña-. 13 años después vuelven a las fusiones -Caixabank se queda con Bankia, de nuevo Cataluña absorbe lo que en su día fue Bancaja y BBVA y Sabadell lo han intentado sin éxito, de momento-, despidiendo a decenas de miles de trabajadores -víctimas del sistema y de sus empresas- y ofreciendo un peor servicio a los clientes. Ante este atraco inverso, del banco al cliente, sólo queda buscar aquella entidad que no cobre comisiones, invertir el dinero en opciones alejadas del banco o guardar el poco dinero que quede debajo del colchón.