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En defensa de los alcaldes y alcaldesas socialistas

PERE VALENCIANO
Congreso comarcal del PSPV-PSOE La Serranía-El Rincón de Ademuz celebrado en Casas Bajas. / EPDA
Congreso comarcal del PSPV-PSOE La Serranía-El Rincón de Ademuz celebrado en Casas Bajas. / EPDA

Las últimas noticias sobre la imputación de Zapatero, unida al procesamiento de José Luis Ábalos, el llamado caso Koldo y las investigaciones que afectan al entorno de Santos Cerdán, han vuelto a golpear con dureza la imagen pública del PSOE. Del PSOE de a Pedro Sánchez. Una vez más, miles de militantes, concejales y alcaldes socialistas sienten cómo el peso de decisiones y conductas ajenas cae injustamente sobre sus espaldas. Y conviene decirlo con claridad: no todos son iguales.

España está llena de alcaldes y alcaldesas socialistas que llevan décadas dejándose la piel por sus vecinos. Personas honestas, cercanas y trabajadoras que no ocupan tertulias ni titulares porque dedican sus días a arreglar problemas reales: mejorar calles, mantener colegios, impulsar servicios sociales, atender a mayores o pelear inversiones para sus municipios. Esa política silenciosa y útil existe, y sigue siendo el verdadero patrimonio moral del socialismo democrático.

No sería justo que toda esa gente pagara ahora el desgaste provocado por dirigentes nacionales que han terminado erosionando la credibilidad del partido. El PSOE no puede permitirse seguir instalado en la negación permanente ni en la estrategia de resistir a cualquier precio. Corrijo. El PSOE no puede reducirse a Pedro Sánchez y sus ministros palmeros. La sociedad española exige ejemplaridad, transparencia y responsabilidades políticas. Y cuanto más tarde llegue la renovación, mayor será el daño.

Pedro Sánchez ha marcado una etapa política intensa, pero el socialismo español necesita abrir un nuevo tiempo. No se trata solo de cambiar nombres, sino de recuperar una cultura política basada en la ética pública, la humildad y el respeto institucional. El PSOE solo podrá reconstruirse si vuelve a escuchar a su base municipal, a esa red de alcaldes y concejales que conocen los problemas cotidianos de la ciudadanía y que todavía conservan la confianza de muchos vecinos.

Porque el problema no es el socialismo municipal. El problema es una dirección nacional que ha terminado alejándose de los valores que históricamente dieron fuerza al partido. Una dirección reducida a Pedro Sánchez y la sombra de Zapatero, de las comisiones, el de Venezuela. Mientras algunos dirigentes se encierran en estrategias de poder, miles de cargos locales siguen trabajando con honestidad en silencio.

Ser socialista no puede convertirse en motivo de vergüenza para quienes han servido con dignidad a sus pueblos y ciudades. Precisamente ahora es cuando más falta hace defender a esa buena gente que mantiene viva la política útil frente al ruido, la corrupción y el desencanto.

El PSOE tiene futuro, pero solo si entiende que la regeneración ya no es una opción estética ni un eslogan. Es una necesidad moral y política. Y esa reconstrucción, probablemente, no vendrá desde arriba, sino desde abajo: desde los ayuntamientos, desde la militancia honesta y desde quienes nunca confundieron el servicio público con el poder. De lo contrario, el PSOE se arriesga a sufrir lo que hemos visto en Francia, Italia, Grecia y Reino Unido.

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