España se lo debe a Valencia. Una ciudad y una comunidad infrafinanciadas, que lleva 40 años ninguneada. Mientras Felipe González llevaba la Expo a Sevilla en 1992 como gesto ante los Juegos Olímpicos de Barcelona, para complacer al andalucismo gobernante; mientras la última autovía terminada entre dos grandes ciudades españolas, fue la N-III, entre Madrid y Valencia; el AVE entre la primera y tercera ciudades fue de los últimos y aún estamos a la espera del Corredor Mediterráneo; con un aeropuerto, el de Manises-Valencia, ridículo, y el de Barcelona a punto de ampliarse por el enésimo pago político a los nacionalistas catalanes; mientras todo esto sucede, nuestra ciudad y nuestra comunidad sigue perdiendo peso específico en España, a la que tantas glorias ofrenda sin que España tenga un gesto con su tercera ciudad.
Valencia es hermosa. Tiene un potencial increíble. Necesita ambición e ilusión para posicionarse en España, Europa y el mundo. España tiene, además, una deuda con esta ciudad.
Sé que hablar de Juegos Olímpicos suena muy ambicioso. Pero no hay sueños irrealizables, sino sueños bonitos. Como dijo Eleanor Roosevelt, ''el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños''. Y entonces, a veces, con convicción, ilusión, ambición, se convierten en realidad.
Es la hora de Valencia. Es la hora de la Comunitat Valenciana.