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Profesionalizar la solidaridad

ROSARIO FOMBUENA

(Periodista y comunicadora del Tercer Sector)

Hace poco estuve en el Foro del Voluntariado, Solidaridad y Sostenibilidad que organiza, desde hace años, la Facultat d’Econòmiques de la Universitat de València, y tuve una conversación que me dio que pensar: charlando con el vicepresidente de una entidad presente, coincidimos, sin necesidad de matices, en una idea: las entidades sociales necesitan unas mínimas estructuras profesionales para garantizar su trabajo.

Vamos a superar esa idea naíf y preconcebida de que la solidaridad se basa exclusivamente en la buena voluntad, el voluntariado entusiasta y en organizaciones ligeras que, mágicamente, hacen su trabajo. Por desgracia, la realidad social actual es mucho más compleja: se atiende a miles de personas en riesgo de exclusión social y con problemáticas complejas, se interviene en crisis humanitarias y algunas de ellas manejan presupuestos que, en muchos casos, superan los de pequeñas empresas. Pretender que todo esto funcione únicamente desde la improvisación o el altruismo sin estructura es, sencillamente, una ilusión.

Según la Plataforma del Tercer Sector, el tercer sector en España cuenta con más de 28.000 entidades activas, genera alrededor de 500.000 empleos directos y moviliza a cerca de 1,3 millones de personas voluntarias. Además, representa aproximadamente el 1’4 % del PIB nacional. Estas cifras evidencian que no hablamos de un sector marginal, sino de un actor clave que, en muchas ocasiones, es el enlace entre la cohesión social y económica.

Estas cifras revelan uno de los principales retos de las ONG y las entidades sociales: la necesidad de estructuras sólidas, equipos cualificados y modelos de gestión transparentes. La profesionalización permite mejorar la captación de fondos, optimizar recursos, medir el impacto real de las intervenciones y garantizar la rendición de cuentas. Estamos hablando de un contexto donde la confianza ciudadana es fundamental, por lo que esto no es una opción, es una obligación.

Profesionalizar la solidaridad no significa deshumanizarla. Al contrario, implica dotarla de herramientas para llegar más lejos y mejor. Significa que detrás de cada proyecto hay planificación, evaluación y aprendizaje continuo. Que cada euro donado se convierte en impacto tangible.

Porque ayudar no basta con querer hacerlo bien. También hay que tener las herramientas que lo permitan.

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ROSARIO FOMBUENA
ROSARIO FOMBUENA

Periodista y comunicadora del Tercer Sector

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