Uncampo de fútbol lleno de aficionados supuestamente volcados enanimar a su equipo cuando suenan unos gritos que deberían avergonzara todo el mundo. Gritaban a Iñaki Williams, un jugador del Athletic,frases ofensivas relativas a su color de piel. Racismo puro y duro. Yese día era Iñaki y su equipo, pero podía haber sido cualquierotro.
Recuerdodesde hace mucho tiempo comportamientos de esa guisa, como tirarplátanos a un jugador, o hacer onomatopeyas comparándolos consimios. Un espanto que no siempre ha recibido el castigo que merecía,como ha sucedido cuando se han gritado en algunos estadios consignasmachistas y hasta que minimizaban la violencia de género.
Esverdaderamente bochornoso que un lugar donde debía reinar ladeportividad más sana, se infecte con el odio de salvajes que no sonotra cosa que eso, salvajes. Llamarlos aficionados al fútbol esinsultar a todas las personas que aman el deporte.
Nodeja de ser curioso que la única vez que he sabido de la suspensiónde un partido por razón de odio fue cuando a un jugador se legritaba “nazi” por su presunta vinculación a un movimiento deextrema derecha. Y no es que crea que se deba consentir semejantecosa, pero resulta paradójico que en este caso se suspendiera elpartido y no se haya hecho cada vez que se trata de humillar aalguien por su origen o el color de su piel. Algo sobre lo que habríaque reflexionar.
Noobstante, me quedo con la parte buena, que siempre se puede sacar unaenseñanza positiva de las cosas a poco que una se esfuerce. En estecaso, sirvió para conocer la historia de superación de estedeportista y su familia, que se jugaron el todo por el todo en pro deun futuro mejor. Y ha servido para que, en su propio estadio, SanMamés, luzcan pancartas de apoyo al jugador y que condenan cualquiertipo de racismo.
Ojaláno hubiera tenido que pasar nada así, no hubiera tenido que sufriruna persona para que el deporte tenga que posicionarse de una maneraclara y sin fisuras contra estos comportamientos, pero más valetarde que nunca.
Eldeporte es una cosa, y los salvajes que escupen su odio desde lasgradas son algo distinto. No dejemos que utilicen el fútbol, noiningún otro deporte, como excusa.