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La ruta por la Valencia del Santo Cáliz

Héctor González
El mapa del recorrido de la ruta del Santo Cáliz de Valencia.
El mapa del recorrido de la ruta del Santo Cáliz de Valencia. // Héctor González

Forma parte de la historia de Valencia desde el siglo XV. Constituye posiblemente la pieza más valiosa, por su simbolismo, de las múltiples atesoradas en la catedral de Valencia. No obstante, es en los últimos años cuando se está exponiendo y divulgando más su presencia. Y en mayor medida en este 2026 al tratarse -hasta octubre- de año jubilar. Me refiero al Santo Cáliz de la Última Cena, que se yergue, sobre su añadido de base, en la primera capilla situada a la derecha del templo catedralicio.

Esta reliquia tiene una larga ruta que agranda su leyenda. Partió de Jerusalén a Roma. Desde allí llegó a España, se guardó en el recóndito monasterio oscense de San Juan de la Peña durante siglos, hasta que en el XV, en compañía real, entró en Valencia para quedarse. La Asociación Cultural El Camino del Santo Grial -que preside la tenaz Ana Mafé- orquesta, desde hace años, y con un estilo similar al del que concluye en Santiago, el recorrido desde Aragón hasta la catedral del Miguelete.

En este Curioseando Valencia no nos vamos a desplazar tanto. Nos ceñiremos al recorrido por la capital autonómica de la copa sagrada. Lo haremos guiados por la voz de la inquieta Celia Peris, experta en visitas por la metrópoli y presidenta de la asociación de estos cicerones turísticos en la provincia de Castellón. Y con la colaboración del Ayuntamiento, que planifica numerosas rutas en diversos idiomas por barrios urbanos.

Centro de interpretación Santo Cáliz
Centro de interpretación Santo Cáliz. / Héctor González

El trayecto a pie comienza en la puerta del Almudín, donde se apilaba el trigo en la Valencia medieval, la que recibió la reliquia. En la actualidad, este complejo museístico alberga el Centro de Recepción de Visitantes durante el antes aludido Año Jubilar del Santo Cáliz, que se inició en octubre del pasado 2025 y concluirá en el mismo mes de este 2026.

En su interior puede leerse y contemplarse la historia de los trasiegos experimentados por la copa sagrada. Además, en una de sus esquinas se encuentra una recreación del austero cuarto donde la escondió, al estallar la Guerra Civil y ante la proliferación de quema de iglesias, Sabina Suey a petición de los responsables catedralicios. Primero la guardó en Valencia; y posteriormente la trasladó a Carlet con su familia. Aunque esto último ya daría pie a otra ruta.

Puerta casa Sabina Suey.
Puerta casa Sabina Suey. / Héctor González

Seguimos con la actual. Contemplamos, en el Almudín, la copia del acta de entrega del relicario, en 1437, por parte de Alfonso V, renombrado como ‘El Magnánimo’, a cambio de 250.000 sueldos que le servirían para financiar sus campañas militares.

Salimos del Almudín, ubicado frente a la casa natalicia de San Luis Beltrán (que fue alumbrado casi un siglo después de la llegada del cáliz), y giramos por la calle Avellanas para pasar junto a su número siete -donde vivió Sabina Suey, la guardiana de tan preciada joya histórica-, empalmar con la calle del Mar, enfocar hacia General Palanca y pararnos delante del convento de Santo Domingo.

En este lugar Alfonso V impulsó una cripta que habría de albergar sus restos mortales, aunque su fallecimiento posterior en Nápoles truncó los planes y ahora reposa en el panteón del monasterio de Poblet. En cualquier caso, en este tránsito por la Valencia del siglo XXI se trata de imaginar el trayecto, en el XV, del monarca vinculado al precioso emblema de la cristiandad que portaba.

Desde allí deambulamos junto a la puerta de la iglesia del Temple, que está abierta y, aunque no forme parte inicial del recorrido, nos permite entrar y contemplar sus frescos e imaginería. Entre esta última destaca, por las peticiones que se realizan, la figura de San Expedito, patrono de las causas urgentes y protector de viajeros, entre otras condiciones.

Casi estamos frente -al otro lado del Jardín del Turia- del museo San Pío V, con imágenes de Juan de Juanes en las que aparece el cáliz sagrado. Y, muy cerca, otros jardines, los de Viveros, donde se alzaba el Palacio Real en el que se alojaba Alfonso V, que, además, durante su mandato, ordenó que fuera ampliado. Por desgracia, apenas quedan restos y recuerdos de la histórica construcción destruida durante la Guerra de la Independencia por los invasores franceses.

Y muy cerca reposan los restos de María de Castilla, esposa de Alfonso V. Lo hacen en el monasterio de la Trinidad, un lugar en el que puede recordarse el legado de gestión de una mujer decidida que sobrevivió apenas dos meses a su esposo.

El paseo continúa hasta las Torres de Serranos, la puerta principal de Valencia por este costado y la más próxima para acceder desde el Palacio Real. Por tanto, por debajo de su secular arco de acceso pasarían El Magnánimo y su séquito para transportar el Cáliz hasta la catedral.

Torres de Serranos
Torres de Serranos. / Héctor González

Continuamos por la calle de Serranos, pasamos junto a la torre campanario de San Bartolomé -que siempre llama la atención por hallarse huérfana de templo-, desembocamos en la plaza de Manises, giramos por Caballeros y luego, a la izquierda, por Calatrava. Dejamos atrás la plaza del Negrito y nos situamos ante la Lonja de Valencia.

Calle de Serranos
Calle de Serranos. / Héctor González

Aunque primero lo hacemos por su puerta trasera, la que enfrenta a la iglesia de La Compañía. Por allí entraba la seda que hizo famosa y rica a la ciudad ya desde el siglo XV, cuando en el inmueble Patrimonio de la Humanidad se pesaba y sellaba su venta.

Bordeamos la edificación que albergaba La Lonja por la calle Cordellats y nos plantamos ante su fachada principal, la que se asoma al Mercado Central o a Los Santos Juanes. Allí nuestra políglota guía recuerda la celebración religiosa, con entrada del Santo Cáliz y la música de Parsifal, que se llevó a cabo tras el retorno del cáliz a la metrópoli después de la conflagración fratricida del siglo XX.

Lonja, por donde entraba la seda
Lonja, por donde entraba la seda. / Héctor González

Camino rápido hacia la plaza del Patriarca, la que recuerda a San Juan de Ribera, personaje también clave en la historia de Valencia, aunque no coetáneo, por casi un siglo, de Alfonso V. En cambio, sí que tuvo la oportunidad de procesionar con la copa sagrada por la ciudad en un acto organizado con motivo de la visita de Felipe II.

Enfilamos el tramo final del recorrido. Plaza del Arzobispado, delante de la estatua de Marcelino Olaechea, que recuerda al insigne arzobispo, importante promotor de estudios sobre el origen y el camino del Santo Cáliz. Muy cerca, en el pórtico románico de la catedral, en esa misma plaza, puede observarse, sobre una de las columnas de su derecha, la recreación de la Última Cena, con el insigne cáliz.

Última Cena la puerta románica del a Catedral de Valencia.
Última Cena la puerta románica del a Catedral de Valencia. / Héctor González

El recorrido termina frente a la puerta de los Hierros o barroca del templo catedralicio, bajo la imagen, radiante -a esas horas un rayo de sol le da de pleno- de San Lorenzo, simbolizado con la parrilla en la que fue martirizado. El santo forma parte fundamental de la historia del cáliz, ya que sería quien logró enviarlo a España desde Roma en plena persecución a los cristianos.

Y, una vez llegados a este punto, tan solo resta entrar en la catedral, girar hacia la derecha y adentrarse en la capilla donde, al fondo, en un entorno áureo, emerge la sagrada reliquia que da origen a un sinfín de historias, leyendas y a este Curioseando Valencia.

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Héctor González
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