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Uno de cada ocho vecinos de l'Horta Sud ya es inmigrante

La comarca alcanza más de 71.000 residentes de origen extranjero en 2025, con fuertes contrastes entre municipios y un crecimiento que refleja un cambio profundo en el modelo social, laboral y demográfico del área metropolitana de Valencia

Jorge Zaldivar
Personas paseando en Torrent./EPDA
Personas paseando en Torrent./EPDA

La inmigración ha dejado de ser un fenómeno puntual para asentarse como una de las claves que explican la evolución reciente de l’Horta Sud. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2025 dibujan un escenario claro: 71.094 personas extranjeras residen en la comarca, lo que representa un 13,1% de la población total, fijada en 500.654 habitantes. En la práctica, esto significa que aproximadamente uno de cada ocho vecinos tiene origen extranjero.

Un crecimiento sostenido

Este porcentaje no es fruto de un incremento repentino, sino de una tendencia consolidada a lo largo de los últimos años. La inmigración ha crecido de forma paralela al desarrollo urbano y económico del área metropolitana de Valencia, encontrando en l’Horta Sud un espacio de oportunidades, especialmente en sectores como los servicios, la logística, la industria auxiliar o la construcción.

La consolidación de esta población indica que ya no se trata de estancias temporales o vinculadas exclusivamente al empleo estacional. Cada vez son más los proyectos de vida que se desarrollan en la comarca: familias que se reagrupan, menores que se incorporan al sistema educativo y trabajadores que estabilizan su situación laboral. La inmigración, en este contexto, pasa a formar parte estructural del crecimiento demográfico.

Un mapa desigual

Sin embargo, la distribución no es homogénea. Existen diferencias muy marcadas entre municipios que reflejan realidades urbanas y socioeconómicas distintas.

Xirivella lidera la clasificación con un 21,4% de población inmigrante, seguida de Mislata (17,5%), Alfafar (16,9%) y Torrent (16,5%). Este último municipio, además, concentra el mayor volumen absoluto, con más de 15.000 residentes extranjeros.

En un nivel intermedio se sitúan localidades como Manises, Silla o Benetússer, con porcentajes en torno al 14%-16%. Por debajo de la media comarcal aparecen municipios como Paiporta, Alaquàs o Picassent, mientras que los valores más bajos se registran en Picanya (8,6%) o Beniparrell (7,4%).

Estas diferencias responden, en gran medida, a factores como la densidad urbana, la proximidad a Valencia o la disponibilidad -aunque cada vez menor- de vivienda en alquiler, elementos que condicionan el asentamiento de población extranjera.

Su peso en la economía

Más allá de los datos demográficos, la presencia de población inmigrante tiene un impacto directo en la economía local. En muchos municipios de l’Horta Sud, su participación resulta clave para sostener sectores estratégicos.

La hostelería, el comercio, la logística o los cuidados dependen en gran medida de esta mano de obra. Se trata, en muchos casos, de empleos con alta demanda y menor cobertura por parte de la población local, lo que convierte a la inmigración en un elemento esencial para garantizar el funcionamiento cotidiano de estos servicios.

Además, su aportación no se limita al mercado laboral. El consumo, el alquiler de viviendas o la creación de pequeños negocios contribuyen a dinamizar la economía local y a mantener la actividad en barrios y municipios.

La integración extranjera

El contexto reciente ha acelerado un proceso que ya estaba en marcha: la transición desde situaciones de irregularidad hacia una integración más plena. En los últimos tiempos, diferentes medidas han permitido que parte de esta población acceda a una situación administrativa regular. La última, la que se produjo tras la dana.

Este cambio tiene efectos claros. La regularización facilita el acceso a contratos laborales, mejora las condiciones de trabajo y permite el acceso a servicios básicos. También reduce la economía sumergida y favorece la estabilidad tanto de trabajadores como de empleadores.

En paralelo, esta evolución contribuye a reforzar la cohesión social. La posibilidad de participar plenamente en la vida económica y comunitaria transforma la relación entre vecinos y reduce situaciones de exclusión.

Retos pendientes

Pese a los avances, los desafíos siguen siendo relevantes. El acceso a la vivienda continúa siendo una de las principales dificultades, especialmente en los municipios con mayor presión demográfica. El encarecimiento del alquiler y la escasez de oferta generan tensiones que afectan tanto a población inmigrante como autóctona.

A ello se suman otros retos, como la precariedad laboral en determinados sectores o la necesidad de mejorar los mecanismos administrativos. La integración plena no depende únicamente de la situación legal, sino también de factores como la estabilidad laboral, el acceso a servicios públicos o la igualdad de oportunidades.

Otro aspecto clave es la percepción social. En un contexto de crecimiento sostenido, resulta fundamental evitar discursos simplistas y apostar por una convivencia basada en el conocimiento mutuo y la realidad de los datos.

Nueva realidad comarcal

El peso de la inmigración en l’Horta Sud refleja una transformación profunda que va más allá de las cifras. La comarca evoluciona hacia un modelo más diverso, donde conviven diferentes orígenes, culturas y trayectorias vitales. Este cambio plantea retos, pero también oportunidades. La diversidad puede convertirse en un motor de dinamismo social y económico si se acompaña de políticas adecuadas y de una gestión equilibrada del crecimiento.

Además, la inmigración está impulsando una renovación cultural que se percibe en la vida cotidiana: festivales, gastronomía, asociaciones vecinales y actividades comunitarias enriquecen el panorama local y fomentan un sentido de pertenencia compartido.

Esta interacción entre culturas no solo fortalece la cohesión social, sino que también promueve la creatividad, la innovación y la apertura de miras entre la población autóctona y los nuevos vecinos.

El impacto también se extiende al ámbito educativo. Las escuelas y centros formativos de la comarca están experimentando una diversidad creciente, lo que exige la adaptación de metodologías, la promoción del plurilingüismo y la implementación de programas de apoyo a la integración.  Estas iniciativas no solo benefician a los niños y jóvenes inmigrantes, sino que enriquecen la experiencia educativa de toda la comunidad.

Por último, la inmigración está redefiniendo el futuro urbano y territorial de l’Horta Sud. La planificación de servicios, el transporte público, los espacios verdes y la vivienda deben adaptarse a una población heterogénea, fomentando la equidad y el acceso a oportunidades para todos.

 

En definitiva, la inmigración ya no es una cuestión periférica en l’Horta Sud, sino uno de los elementos centrales que definirán su futuro inmediato.

Sobre el autor

Jorge Zaldivar
JORGE ZALDIVAR

PERIODISTA

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