Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Con las primeras lluvias de octubre empiezan las llamadas. Una mancha en la esquina del dormitorio, un cerco que crece detrás del armario, papel que se despega en el rodapié. La reacción normal es pensar en una tubería rota y buscar un fontanero. En buena parte de los casos, sin embargo, no hay ninguna tubería rota.
Condensación y fuga no se parecen tanto
La condensación aparece donde la pared está más fría: esquinas, muros que dan al norte, el tabique que queda detrás de un armario pegado al exterior. Se extiende de forma difusa, sin un centro claro, y va y viene con las horas del día. Por la mañana, después de una noche con las ventanas cerradas y varias personas durmiendo dentro, está en su peor momento. Si se ventila diez minutos, mejora.
Una fuga se comporta al revés. Tiene un punto de origen, crece hacia fuera y no retrocede. Da igual que se ventile. Y muchas veces la mancha está a media altura o cerca del techo, no en el rodapié, porque el agua viene de una conducción y no del aire de la habitación.
El truco del papel de aluminio
Hay una prueba que cualquiera puede hacer en casa y que ahorra una visita. Se corta un trozo de papel de aluminio de unos veinte centímetros de lado y se pega sobre la mancha, sellando bien los cuatro bordes con cinta. Se deja veinticuatro horas.
Al retirarlo, si el lado que estaba contra la pared está húmedo, el agua sale del muro: hay una fuga o una filtración. Si el lado que daba a la habitación está húmedo y el otro está seco, el agua viene del aire: es condensación.
Por qué aquí pasa más
En la costa hay un factor que tierra adentro no existe: la vivienda cerrada. Miles de casas de la Vega Baja y del litoral de Alicante se cierran de septiembre a Semana Santa. Sin nadie dentro nadie ventila, y la humedad del aire se deposita durante meses sobre paredes frías. En abril el propietario abre la puerta y encuentra moho en un armario que dejó limpio.
A eso se suma el tipo de construcción. En los bloques de los años setenta y en los bungalows de los noventa la cámara de aire es fina, y el aislamiento, cuando existe, no llega a los puentes térmicos: el canto del forjado, el dintel de la ventana, el pilar de la esquina. Son exactamente los sitios donde aparecen las manchas.
Cuando no es ni lo uno ni lo otro
Hay un tercer caso que confunde a todo el mundo, y es el más caro si se deja pasar. En los bungalows construidos en los noventa con azotea plana, la tela asfáltica tiene ya treinta años. Ha llegado al final de su vida útil y se agrieta. El agua no entra por un chorro visible: se filtra despacio, corre por el forjado y sale varios metros más allá, a menudo en el techo del vecino de abajo.
El síntoma engaña porque aparece semanas después de la lluvia, cuando ya nadie relaciona una cosa con la otra. Y como sale en la vivienda de abajo, la primera sospecha recae siempre sobre el baño del piso de arriba.
Qué hacer antes de llamar a nadie
Ventilar diez minutos al día, también en invierno, también si hace frío. Es lo más barato y lo que más cambia. Separar los armarios unos centímetros de la pared exterior, para que el aire circule por detrás. Y no secar ropa dentro sin ventilar: una colada tendida en el salón suelta cerca de dos litros de agua al aire.
Si la vivienda se cierra por temporada, conviene dejar las rejillas de ventilación abiertas aunque las persianas estén bajadas. No cuesta nada y evita abrir en abril una casa con moho.
Si después de todo esto la mancha sigue creciendo, o si la prueba del aluminio sale húmeda por el lado de la pared, entonces sí hay algo que reparar, y conviene localizarlo antes de picar. Las empresas que trabajan el mantenimiento en la zona, como Manitas, usan cámara termográfica y detección acústica para encontrar el punto exacto sin levantar medio suelo.
El calendario importa
Octubre y noviembre son los meses en que estas manchas aparecen. No es casualidad: es cuando la diferencia de temperatura entre el interior y la pared exterior se hace grande por primera vez desde marzo. Quien revisa entonces llega a tiempo. Quien espera a ver si desaparece sola suele llamar en enero, cuando el moho ya está en el yeso y la reparación ha dejado de ser una limpieza.