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Lola Vitoria Tarruella, la compositora valenciana acusada de hablar con los muertos

Compuso más de medio centenar de obras y triunfó con una marcha dedicada a Alfonso XIII | En Villena algunos la llamaban bruja, loca o rara | Durante la Guerra Civil fue encarcelada y, tras la muerte de sus hijas, buscó consuelo en sesiones de espiritismo

Ángel Beitia
Lola Vitoria con sus dos hijas fallecidas (izq.) y estudiando una composición (dcha.).
Lola Vitoria con sus dos hijas fallecidas (izq.) y estudiando una composición (dcha.). // EPDA

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En la historia musical valenciana hay nombres que desaparecieron sin dejar apenas rastro. Uno de ellos es el de Lola Vitoria Tarruella, una compositora nacida en Alcoy en 1880 y vinculada desde su infancia a Villena. Allí desarrolló una trayectoria excepcional para una mujer de su tiempo, aunque su talento quedó oscurecido por los prejuicios, los rumores y una vida marcada por la tragedia.

Dolores Agustina Ana Vitoria Tarruella, conocida como Lola Vitoria, comenzó a estudiar solfeo, armonía, composición, piano y guitarra. A los dieciséis años ganó un concurso nacional con una «Marcha para la Coronación» dedicada a Alfonso XIII. Con el tiempo compuso más de medio centenar de obras, entre ellas zarzuelas, música para piano, piezas para banda, comedias y guiones cinematográficos.

Su catálogo incluía títulos como «Mi Granada», estrenada en el Teatro Cómico de Madrid, «María Rosa», única obra registrada en la SGAE, y «El suspiro del moro». También escribió obras dedicadas a figuras de la música y numerosas piezas para piano. Sin embargo, muchas de sus composiciones desaparecieron o permanecieron durante décadas fuera de la circulación.

El misterio comienza cuando la memoria oral de Villena deja de hablar de ella como una simple artista. Algunos testimonios la describieron como una mujer muy rara, loca, beata o bruja. Otras referencias aseguran que practicaba sesiones de espiritismo y que intentaba comunicarse con sus hijas fallecidas. Tras la muerte de las niñas, la pérdida dejó una profunda huella en Lola y, según los testimonios recogidos por sus biógrafos, recurrió al espiritismo como una forma de mantener algún vínculo con ellas.

Cuando tenía siete años perdió la visión del ojo derecho a consecuencia de una infección y tuvo que llevar una prótesis ocular. A ello se unieron su carácter fuerte, su extraordinaria formación cultural y una curiosidad intelectual poco habitual en una mujer de la época. Para algunos de sus contemporáneos, aquella combinación bastaba para convertirla en una figura extraña. Los rumores hicieron el resto.

No existen pruebas suficientes para afirmar que poseyera poderes sobrenaturales, pero sí una reputación que convirtió su figura en un personaje incómodo y fascinante. Y quizá ahí reside el verdadero misterio: saber hasta dónde llegaba la mujer real y dónde comenzaba la leyenda construida alrededor de ella.

La Guerra Civil añadió un capítulo todavía más oscuro. En el verano de 1936, Lola y su marido, Tomás Giner, fueron detenidos. Ella permaneció cuatro meses en prisión, mientras él fue trasladado a la cárcel de Alicante, encarcelado hasta el final de la contienda. Las circunstancias exactas de aquellas detenciones y el peso que tuvieron sus ideas personales siguen siendo una línea de investigación abierta.

Después de la guerra, su salud empeoró, pero no abandonó la creación. En los años cuarenta escribió la comedia «Fantomás llora», como si la imaginación fuera una forma de resistencia frente a la enfermedad, la pérdida y el aislamiento. Murió en Villena el 10 de mayo de 1952 y fue enterrada junto a sus hijas.

¿Fue Lola Vitoria una espiritista convencida, una mujer incomprendida o una creadora convertida en leyenda por los rumores de su tiempo?

Esa es la pregunta que todavía permanece abierta. Su obra, conservada y catalogada parcialmente, puede ayudar a responderla. Mientras tanto, la compositora sigue atrapada entre dos mundos: el de la música que escribió y el de los muertos con los que, según la memoria popular y los testimonios de quienes reconstruyeron su biografía, intentó hablar.

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Ángel Beitia
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