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Elche está cambiando de vivienda más rápido de lo que cambia de aspecto, y ese movimiento —silencioso, cotidiano— tiene un efecto directo sobre la sociedad, y en concreto sobre un oficio que rara vez sale en las noticias: la cerrajería.
Elche no es solo una ciudad grande: es una ciudad extensa. Entre el centro, barrios como Carrús, El Raval o Altabix, pedanías como Torrellano o Matola, y el tramo costero de La Marina y El Altet, el término municipal ilicitano cubre una superficie que pocos municipios de la provincia pueden igualar.
Un parque de vivienda que envejece
La mayoría de las viviendas de Elche se construyeron entre 1970 y 1979, según los datos de Idealista. Son inmuebles con más de cuatro décadas de antigüedad, muchos de ellos con instalaciones —incluidas las cerraduras— que llevan ahí desde entonces. Al mismo tiempo, el mercado inmobiliario ilicitano no se ha detenido: el precio de la vivienda en venta ha subido un 13,3% en el último año, y el del alquiler, un 10,4%, según los informes de idealista/data.
Una subida de precios así suele venir acompañada de más movimiento: más compraventas, más cambios de inquilino, más reformas en pisos que llevan años sin tocarse. Cada uno de esos movimientos, en algún momento, pasa por una cerradura. Para entender mejor cómo se traduce todo esto sobre el terreno, hemos hablado con Manuel Hernández, cerrajero en mhcerrajeros.com con más de 15 años de experiencia trabajando en la provincia de Alicante.
Un municipio con varias ciudades dentro
La dispersión territorial de Elche no es solo una cuestión de distancia: también significa que conviven realidades de vivienda muy distintas bajo un mismo término municipal. En el centro y en barrios como Carrús o Altabix predomina el bloque de pisos de los años setenta. En pedanías como Torrellano o Matola, más ligadas tradicionalmente a la actividad agrícola e industrial, el parque de vivienda tiene otro perfil, con más vivienda unifamiliar. Y en la franja costera de La Marina y El Altet, buena parte de las viviendas son segundas residencias que pasan meses vacías fuera de temporada.
Hernández lo resume así: «No es lo mismo lo que te encuentras en un piso del centro que lleva cuarenta años con la misma cerradura, que en una casa de pedanía con más puertas de acceso, o en un apartamento de la costa que ha estado cerrado todo el invierno. Cada zona tiene su propio desgaste.» Esa diversidad, más que el tamaño del municipio en sí, es lo que explica por qué las necesidades de cerrajería en Elche no son uniformes.
Lo que cambia cuando sube el precio de la vivienda
Hernández detalla lo que observa cuando el mercado se mueve con esta intensidad: «Cuando compras una vivienda, lo habitual es cambiar la cerradura sin saber cuántas copias de la llave existían antes. Y cuando alguien reforma un piso antiguo, casi siempre acaba tocando también los accesos.» Con más compraventas y más reformas, ese tipo de intervención se vuelve más frecuente de lo que era hace diez años.
A esto se suma el propio envejecimiento del parque de vivienda: cilindros instalados en los años setenta que, con el paso de las décadas, dejan de ofrecer las mismas garantías que un sistema actual, simplemente por el tiempo transcurrido y el desgaste acumulado.
Un oficio que crece al ritmo de la ciudad
El resultado es un sector que, sin hacer ruido, sigue de cerca el pulso urbanístico e inmobiliario de Elche: cuanto más se mueve la vivienda, más trabajo de cerrajería genera.
Para quienes compran, alquilan, reforman o simplemente quieren revisar una cerradura de otra época, la solución es un cerrajero.