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De Casinos a la Vilavella

JOSÉ SALVADOR MURGUI SORIANO
José Salvador Murgui en las fiestas de la Vilavella.
José Salvador Murgui en las fiestas de la Vilavella. // EPDA

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El otro día en este mismo periódico hablaba de mi sensacional experiencia vivida la última década de los años ochenta del pasado siglo XX, al repasar mi estancia laboral y personal por Moncofa.

Ayer sábado día veinticinco de julio me estaba organizando la tarde noche para ir a Moncofa, ya que estaba invitado a participar en sus fiestas patronales.

A eso de las dieciséis horas, comenzaron a llegar los mensajes y las imágenes que no solo taladraron mi corazón, sino que despertaron mi mente al seguir de cerca la tragedia que estaban viviendo los pueblos donde pasé mi juventud.

Epicuro, también conocido como Epicuro de Samos, filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (270 a. C. Atenas) escribió esta frase:

“Mientras esperamos la muerte, hagamos algo que no requiera espera: VIVIR.”

Vivir es lo que hizo La Vilavella, La Vall de Uxó y los pueblos donde empezaba a vivirse la tragedia. Los mensajes de audio eran desgarradores: “Yo bajo ahora de la Ermita y la Ermita no sé si la salvaremos, y, ahora estamos sacando a personas mayores que no pueden salir, porque no nos podemos esperar más y no pueden tragar más humo…”.

“Por favor, sin alarmar, yo no estoy siguiendo las redes, no sé si habréis publicado algo, pero id publicando estas recomendaciones, que se vaya todo el mundo, estamos muy mal, muy mal, no os lo podéis imaginar”.

Muy mal, en Vilavella decir estamos muy mal, es <amunto mal>, ese muy mal unido a la intensidad del fuego, al tener que abandonar  las casas, al tener que marchar con lo puesto, te hace ver la fragilidad de las personas.

Ese momento de impotencia unido a la intensidad de ese fuego que vorazmente lo va destruyendo todo, es una realidad apocalíptica de que “algo” malo nos está pasando.

La solidaridad de los pueblos es grande, nace lo más hospitalario del ser humano, aunque el corazón resquebrajado del que tiene que abandonar lo suyo, sin saber lo que se puede volver a encontrar es un taladro para la persona y la familia.

No sé cómo expresar esa clase de dolor que desde lejos he podido compartir: dolor, humano, dolor, material, dolor, sentimental y dolor traumático, n juuu ante el pavor de esas llamas inclementes que amenazan con convertirlo todo en la nada.

Mensajes de solidaridad, mensajes de afecto, mensajes de compartir la realidad, pero el mensaje que corre veloz es el que lleva el fuego que no para.

Tengo tantos recuerdos buenos de Nules, Vilavella, la Vall, Eslida, Alfondeguilla, Artana… la Sierra de Espadán, que humildemente me atrevo a escribir estas palabras brindando a ellos mi total apoyo y haciéndoles saber que hoy y siempre estoy a su lado.

Vilavella para mí fue un pueblo amante y agradecido en el que muchos años tuve el privilegio de ser el mantenedor en la presentación de las Reinas y Cortes de honor de las Fiestas de Sant Xotxim.

Otros años a finales de agosto invitado por el señor Alcalde, también fui el mantenedor de la Reina de las fiestas patronales. Ni puedo olvidar el pueblo, ni a los amigos que hicieron posible esa amistad.

Solo me queda una reflexión sencilla, hagamos lo posible para tejer caminos de convivencia. Que nunca se nos olvide el valor de las vidas, tengamos siempre presente que los pueblos progresan cuando tienen grandes caminos para marchar, y ante una situación como esta es necesaria la solidaridad humana.

Lo que el fuego ha destruido, tardará muchos años en reconstruirse, pero las vidas humanas tienen que seguir con fuerza ese camino que nos legaron en nuestros pueblos, esos antepasados que siempre soñaron un pueblo mejor y con toda libertad,

De verdad y de todo corazón, deseo mucha fuerza a todos los pueblos afectados, y sobre todo con los que yo he tenido una relación más directa, que pase pronto esta pesadilla y que podáis abrazaros todos juntos, defendiendo y luchando por lo vuestro.

Mucho ánimo.

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JOSÉ SALVADOR MURGUI SORIANO
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