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Las olas de calor que ha atravesado España este verano no solo ponen a prueba el cuerpo, también el sistema nervioso, especialmente en los niños con trastorno del espectro autista (TEA), trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y otros trastornos del neurodesarrollo. Así lo advierten los especialistas del Instituto de Rehabilitación Neurológica de Vithas (IRENEA), entidad integrada en el Instituto de Neurociencias Vithas.
Según los profesionales en neurorrehabilitación pediátrica de Vithas Valencia Consuelo y Vithas Aguas Vivas, aunque todavía no existen estudios específicos sobre el impacto de las olas de calor en niños con trastornos del neurodesarrollo, el conocimiento actual sobre termorregulación, procesamiento sensorial y funciones ejecutivas hace plausible que las altas temperaturas supongan una carga añadida para el funcionamiento neurológico de algunos de estos menores.
Un esfuerzo añadido para el cerebro
La directora clínica de IRENEA, la doctora Carolina Colomer, explica que "el calor no solo supone un esfuerzo para el cuerpo, también para el cerebro". Según ha señalado, mantener la temperatura corporal exige activar numerosos mecanismos regulados por el sistema nervioso, por lo que en niños con alteraciones del procesamiento sensorial o dificultades de atención y regulación emocional, "ese esfuerzo añadido podría contribuir a aumentar la sobrecarga del sistema nervioso".
La evidencia científica sí ha demostrado que los niños con TEA o TDAH presentan con mayor frecuencia alteraciones del procesamiento sensorial, lo que puede traducirse en una mayor sensibilidad al calor o en una menor percepción de señales como la sed. Colomer añade que el esfuerzo fisiológico para mantener la homeostasis, junto al posible impacto de las altas temperaturas sobre el descanso nocturno, "puede repercutir temporalmente en la atención, el autocontrol o la gestión de las emociones".
Irritabilidad y peor concentración
La responsable del Área de Neurorrehabilitación Pediátrica de Vithas Valencia Consuelo, Carmen Medina, señala que es habitual que las familias comenten que, durante los días de más calor, sus hijos "están más irritables" y "les cuesta más concentrarse". Según Medina, no puede afirmarse que el calor sea la causa directa, pero sí que la combinación de factores propios de una ola de calor puede aumentar la carga sobre el sistema nervioso de algunos niños.
Rutinas estables y entornos adaptados
La coordinadora del Área de Terapia Ocupacional del centro de neurorrehabilitación de Vithas en Elche, Sabrina Llorens, recomienda mantener rutinas estables, anticipar los cambios de planes, reducir estímulos como el ruido o las aglomeraciones y reservar las primeras horas de la mañana o las últimas de la tarde para el juego y la actividad física.
Llorens aconseja recurrir a estrategias de regulación que el niño ya conozca, como un rincón tranquilo, objetos sensoriales calmantes o técnicas de respiración, y evitar introducir recursos nuevos durante los episodios de calor más intenso.
Ambas profesionales coinciden en que el impacto de las olas de calor en estos niños depende de la interacción entre el estrés térmico, el procesamiento sensorial, las alteraciones del sueño y los cambios de rutina, y que comprenderlo permite adaptar el entorno para favorecer su bienestar y autorregulación.