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Con la llegada del verano, las consultas pediátricas experimentan un cambio significativo respecto al resto del año. Las infecciones respiratorias habituales durante los meses de invierno dejan paso a problemas de salud relacionados con las altas temperaturas, las actividades al aire libre y el aumento del tiempo que los niños pasan en piscinas, playas y campamentos.
Según explica el Dr. Ben Raza, pediatra de Affidea Clínicas Atenea, las urgencias más frecuentes durante esta época son las gastroenteritis, las otitis externas, las quemaduras solares, las picaduras de insectos y los traumatismos derivados de caídas o actividades recreativas.
"En verano las urgencias cambian radicalmente. Dejamos de ver virus respiratorios y pasamos al clásico estival: gastroenteritis, dolor de oído por las piscinas, quemaduras solares, picaduras y traumatismos. Los niños están más activos, juegan más tiempo al aire libre y las caídas, brechas y esguinces están a la orden del día", señala el especialista.
Las actividades acuáticas y el tiempo al aire libre son fundamentales para el desarrollo y el disfrute de los niños durante las vacaciones, aunque también favorecen la aparición de determinadas afecciones.
Entre los problemas más habituales relacionados con las piscinas destacan la otitis externa, las conjuntivitis y las infecciones por hongos, como el conocido pie de atleta. Por su parte, la exposición prolongada al sol y al calor incrementa el riesgo de sufrir golpes de calor, insolaciones y deshidratación.
Asimismo, el pediatra señala que durante estos meses también aumentan las dermatitis por contacto, así como algunas infecciones urinarias y genitales relacionadas con permanecer demasiado tiempo con el bañador húmedo.
Cuándo es necesario acudir a un especialista
Uno de los principales desafíos para las familias durante las vacaciones es saber cuándo una situación puede resolverse en casa y cuándo requiere atención médica.
En este sentido, el Dr. Ben Raza recomienda fijarse principalmente en el estado general del menor. "Si el niño está activo, juega, sonríe, tolera líquidos y mantiene un comportamiento habitual, podemos vigilar la evolución con tranquilidad. Sin embargo, si aparece decaimiento, somnolencia, irritabilidad o cualquier cambio importante respecto a su estado habitual, es recomendable acudir a valoración médica".
Las picaduras de insectos merecen una atención especial durante el verano. Aunque es habitual que provoquen enrojecimiento, inflamación moderada y picor durante varios días, existen situaciones que requieren una valoración médica.
"Si la hinchazón es muy llamativa, está caliente o empeora con el paso de los días, debemos consultar para descartar una infección. Y si aparecen síntomas como dificultad para respirar, hinchazón de labios o lengua o pérdida de conocimiento, podría tratarse de una reacción alérgica grave que requiere atención urgente", advierte.
Cómo reconocer un golpe de calor o una deshidratación
El golpe de calor es una de las situaciones que más preocupa a los especialistas durante los meses estivales y, en ocasiones, puede pasar desapercibido en sus fases iniciales.
Los síntomas más frecuentes incluyen dolor de cabeza, mareos, calambres, irritabilidad, somnolencia o confusión. Además, la piel suele estar muy caliente y enrojecida y la sudoración disminuye debido a la pérdida de líquidos.
Por su parte, la deshidratación puede manifestarse mediante sequedad de labios y boca, ausencia de lágrimas al llorar, ojos hundidos o una disminución importante de la frecuencia con la que el niño orina.
La mejor herramienta, la prevención
Los especialistas coinciden en que la mejor herramienta para evitar gran parte de los problemas de salud propios del verano es la prevención. Por ello, recomiendan ofrecer agua de forma frecuente a los niños, incluso cuando no manifiesten sensación de sed, así como aplicar protector solar de factor 50 o superior antes de la exposición al sol y renovarlo cada dos horas.
También es aconsejable evitar las horas centrales del día, utilizar gorra y gafas de sol, secar correctamente los oídos tras el baño y cambiar el bañador húmedo por ropa seca para reducir el riesgo de infecciones.
Asimismo, el Dr. Ben Raza recuerda la importancia de mantener una vigilancia constante en piscinas y zonas de baño. "Los menores pueden ahogarse incluso en lugares que aparentemente parecen seguros. La supervisión directa y continua por parte de un adulto es fundamental".
Por último, el pediatra de Affidea Clínicas Atenea destaca tres recomendaciones básicas para disfrutar de un verano saludable en familia: mantener una adecuada hidratación y extremar la vigilancia en el agua; proteger a los niños frente a la exposición solar mediante crema, gorra, gafas y sombra; y favorecer el descanso y el juego al aire libre para que las vacaciones sean también una oportunidad para cuidar la salud física y emocional de los más pequeños.