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Ábalos, el hombre que impulsó a Zapatero y Sánchez y marcó 40 años del PSPV-PSOE

El exsecretario general del PSOE de Valencia fue decisivo en los congresos local, provincial y autonómico, lideró la familia que impulsó la llegada de Ximo Puig a la Generalitat y en 2012 revalidó el liderazgo provincial frente a Toni Gaspar por 40 votos

Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí.
Ábalos junto a algunos de sus fieles escuderos, Gloria Calero, Aarón Cano y su señoría Caballero.
Ábalos junto a algunos de sus fieles escuderos, Gloria Calero, Aarón Cano y su señoría Caballero. // EPDA

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La historia del PSPV-PSOE y de la Comunitat Valenciana no sería la misma sin el nombre propio de José Luis Ábalos. Hasta su caída en desgracia, para bien, pero una vez condenado a 24 años de cárcel por el ‘caso Mascarillas’, corresponde analizar el poder que ha detentado José Luis Ábalos, primero en la federación valenciana durante los últimos 40 años del PSOE -el PSPV-PSOE-, y más recientemente en el PSOE, donde llegó a ser secretario de Organización, esto es, la mano derecha de Pedro Sánchez.

Ábalos comenzó su influencia en el socialismo valenciano con tan sólo 18 años. Natural de Torrent (comarca valenciana de l’Horta Sud) tejió una red de fieles militantes especialmente en la ciudad de Valencia, donde fue secretario general, en su comarca y en el Camp de Morvedre. Con ellos, influyó y maniobró en todos los congresos de la ciudad de Valencia, regionales y el provincial cuando el PSPV se abrió también a contar con direcciones provinciales más allá de las comarcales. Una persona que pagaba los favores a los suyos, como quedó patente en las candidaturas de la ciudad de Valencia, Sagunt o al Parlamento valenciano. Pero su poder creció considerablemente cuando tuvo el olfato de posicionarse junto a José Luis Rodríguez Zapatero en el 35 Congreso Federal del PSOE y ponerse al lado de Pedro Sánchez cuando éste fue defenestrado y se puso a recorrer España junto a Santos Cerdán y Koldo García, el primero imputado y el segundo condenado junto a Ábalos a prisión.

Los socialistas perdieron la Generalitat en 1995. Eduardo Zaplana se imponía al frente del PP al socialista Joan Lerma. Lerma se fue de ministro y comenzaba la batalla en el seno del socialismo valenciano. Aparecen familias y referentes como Ciprià Císcar, Vicent Garcés (Izquierda Socialista), Antoni Asunción y, lógicamente, José Luis Ábalos. Alrededor de estas figuras ha ido evolucionando el PSPV-PSOE, con nuevos referentes como Toni Gaspar o Carlos Fernández Bielsa, junto a otros liderazgos menores y localizados como Ángel Franco en Alicante, Leire Pajín en Benidorm o más recientemente Alejandro Soler y Diana Morant, esta última impulsada por el lermismo y el conocido como Clan de Gandia, con el patrocinio del mismísimo Pedro Sánchez, igual que le sucede a la actual delegada del Gobierno, Pilar Bernabé.

Pero volvamos a 1995 y a la primera derrota del PSPV-PSOE en la Comunitat valenciana. Eduardo Zaplana se convertía en el primer presidente e la Generalitat Valenciana con 42 diputados y el apoyo de los 5 de UV, conformando una mayoría absoluta frente a los 32 del PSPV y los 10 de EU.

Las guerras internas del socialismo valenciano

Comenzaba en ese momento el periodo más convulso de los socialistas valencianos. En julio de 1997 tenía lugar el VIII Congreso del PSPV y Joan Romero, que encabezó el Moviment pel Canvi, se impuso al alicantino Antonio Moreno por solo tres votos. Ahí aparece el nombre de Joan Ignasi Pla, proveniente de Atzeneta d’Albaida, quien ostentaría el cargo de secretario de Organización de 1997 a 1999. En su victoria frente al lermista fueron decisivos los votos de la facción de Ábalos. Sin embargo, éste maniobró dos meses antes de las elecciones autonómicas de 1999 junto a Antoni Asunción y el lugarteniente de éste, José María Ángel, entonces alcalde de l’Eliana, para que Romero dimitiera en un comité nacional extraordinario celebrado en marzo de 1999.

En el convulso congreso extraordinario de septiembre de 1999, Pla fue elegido secretario general, pero dimitió solo 48 horas después, junto a toda su ejecutiva, debido a la profunda división interna, lo que motivó que el congreso fuera anulado y Ferraz nombrara una dirección provisional. Comenzaba el tiempo de las gestoras. La primera estuvo presidida por Juan Serna, seguida por las de Diego Macià y Francisco Granados al frente hasta que los días 22 y 23 de septiembre 2000 se celebraría el IX Congreso Nacional del PSPV-PSOE celebrado en Alicante que auparía a Joan Ignasi Pla como secretario general, por solo 10 votos de ventaja sobre el propio Ábalos (179 a 169). Andrés Perelló, de Izquierda Socialista conseguía 28 votos y el concejal de Torrent, Josep Bresó, 19. Ábalos fue integrado como vicesecretario general, apoyado por el PSOE de Zapatero y José Blanco, a quien Ábalos hábilmente había apoyado en julio de ese año en el 35 Congreso Federal del PSOE celebrado en Madrid.

Retrocedamos a los día 22 y 23 de julio de 2000. 35 Congreso Federal del PSOE, en el Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones, convocado tras la derrota del PSOE en los comicios del 12 de marzo de 2000, en los que José María Aznar lograba mayoría absoluta. Se enfrentaban cuatro candidatos: el respaldado por el aparato del PSOE, José Bono (presidente de Castilla-La Mancha), la guerrista Matilde Fernández, la vasca Rosa Díez (que más tarde fundaría UPyD) y el diputado por León José Luis Rodríguez Zapatero. Contra pronóstico, se impuso Zapatero por solo 9 votos frente a Bono (414-405). La delegación valenciana acudía dividida y mientras la mayoría respaldaba a Bono, Pla apostó por Díez y Ábalos por Zapatero.

El hombre que apostó por Zapatero

Ábalos, entonces secretario general del PSOE en la provincia de Valencia, fue uno de los operadores clave en la sombra que trabajaron para que Zapatero se hiciera con la dirección del partido. Su habilidad para tejer alianzas y movilizar apoyos internos lo convirtió en una figura respetada dentro del PSOE, ganándose la confianza de sectores que buscaban una renovación en el liderazgo socialista. Por Ábalos, entró de vocal en la federación socialista Gloria Calero y esto se traduciría más tarde en su candidatura a la alcaldía de Sagunt, primero, y al puesto de delegada del Gobierno de la Comunitat Valenciana, más tarde. Porque a Ábalos se le atribuyen todos los males, pero siempre fue un hombre que impulsó a sus peones y seguidores.

Ábalos salió fortalecido como único representante de la federación socialista valenciana que apostó por Zapatero. Y por ello, lo empujaron a optar a la secretaría general del PSPV-PSOE en septiembre de ese año. Solo 10 votos de diferencia lo separaron de la gloria interna. En el IX Congreso del PSPV, Ábalos, con el apoyo de la dirección nacional —incluyendo a Pepe Blanco y Ciprià Ciscar—, obtuvo 169 votos frente a los 179 que dieron el triunfo a Pla. Ábalos aceptó ser vicesecretario y mantuvo su poder ‘familiar’ hasta su reciente defenestración.

Ábalos ha estado en todas las salsas y siempre ha agradecido el apoyo de sus fieles escuderos con cargos orgánicos e institucionales de peso, la mayoría de los cuales se han olvidado de él tras ingresar en prisión, como ha sucedido con Mercedes Caballero o Gloria Calero.

La batalla con Toni Gaspar por el control del PSPV

Tras años en el dique seco electoral del PSPV-PSOE -hasta que Ximo Puig llegó a la presidente del Consell en mayo de 2019-, el 2012 fue importante en el calendario orgánico del socialismo valenciano. Ante las familias tradicionales del lermismo, de Ábalos y el ciscarismo, se abría paso un grupo de jóvenes alcaldes y alcaldesas que querían renovar el partido desde la base municipal.

La pugna se desplazó a la secretaría provincial del PSPV. Frente a Ábalos apareció Toni Gaspar —alcalde de Faura y portavoz de la Diputación en ese momento—, quien representaba el ala renovadora con la plataforma @una. La votación fue ajustada: Ábalos venció con 235 votos (53,5 %) frente a los 195 de Gaspar (44,5 %). Un margen de solo 40 votos que evidenció la fractura interna y la necesidad de coaliciones para mantenerse en pie. Entonces, la histórica familia lermista -seguidores de quien fuera presidente de la Generalitat, Joan Lerma- apoyó a Ábalos, junto al ciscarismo y una parte del grupo de Jorge Alarte, uno de los traidores al sector de jóvenes alcaldes que querían llegar al poder del PSPV para renovarlo y pasar página de las dinámicas de familias y dinosaurios. Alarte se había enfrentado a Ximo Puig en marzo de 2012 y perdió, pero la traición luego a Toni Gaspar le valdría su nombramiento en septiembre de 2020 como director general de Relaciones con las Comunidades Autónomas y Representación Institucional.

La convulsa política de alianzas y traiciones jugó a favor del listo de Ábalos, quien se vendió al mejor postor siempre con el apoyo de peones como Gloria Calero, varios concejales del Ayuntamiento de Valencia, como el fiel hasta el final Aarón Cano o la diputada autonómica y ex secretaria de la provincia, Mercedes Caballero.

Entre 1999 y 2009 ejerció de concejal en Valencia, consolidando su posición en distritos como Orriols o València Nord. Su predominio en esas agrupaciones fue el trampolín que le catapultó al Congreso en 2009, cuando sustituyó a la eurodiputada Inmaculada Rodríguez-Piñero.

De hombre fuerte del PSOE a la cárcel

Años después, cuando Pedro Sánchez fue forzado a dimitir como secretario general del PSOE en 2016 tras un golpe interno liderado por Susana Díaz y los barones del partido, se convirtió en uno de sus principales aliados para el regreso. En el proceso de primarias de 2017, donde Sánchez se impuso contra todo pronóstico a la candidatura oficialista de Díaz, el valenciano desempeñó un papel estratégico clave.

Como uno de los primeros dirigentes en apostar abiertamente por la vuelta de Sánchez, Ábalos se ganó su confianza y, una vez Sánchez recuperó el liderazgo del PSOE, fue recompensado con cargos de máxima relevancia. Se convirtió en secretario de Organización del partido y, tras la llegada de Sánchez a la Moncloa en 2018, asumió el Ministerio de Fomento, luego rebautizado como Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana. Desde esa posición, se consolidó como uno de los hombres fuertes del Ejecutivo. Hasta el 21 de febrero de 2024, que marcó el inicio de su desmoronamiento: su colaborador Koldo García Izaguirre fue detenido por presunta corrupción en compras sanitarias, el conocido como ‘caso Mascarillas’. Ábalos fue expulsado del grupo socialista y pasó al Grupo Mixto.

En junio de 2025, la Guardia Civil, por orden del Tribunal Supremo, allanó su casa de Valencia. Se incautaron de teléfonos, discos duros y documentación sobre contratos públicos. Desde entonces se fueron conociendo sus tejemanejes, excesos de todo tipo y su afición por las prostitutas.

Tras pasearse por los platós de Todo Es Mentira (Cuatro) y su ex mujer, la policía Carolina Perles, por los de Telecinco, el 27 de noviembre de 2025 el Tribunal Supremo ordenó su prisión provisional sin fianza. El 22 de junio de 2026, el TS lo condenaba a 24 años y tres meses de cárcel con un máximo efectivo de cumplimiento de 16 años y medio, por los delitos de organización criminal, cohecho, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias. La defensa de la inocencia de Ábalos la sigue realizando ahora su hijo Víctor.

Doble página publicada en la edición de agosto de Valencia de El Periódico de Aquí.
Doble página publicada en la edición de agosto de Valencia de El Periódico de Aquí. 

 

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Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí.
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