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La Conselleria de Agricultura desarrolla la campaña anual de control del cucat o barrenador del arroz (Chilo suppressalis), una plaga que afecta a este cultivo. El sistema utilizado, basado en la confusión sexual, permite proteger toda la superficie arrocera de la Comunitat Valenciana y reducir en un 99,2 % el uso de insecticidas convencionales.
15.300 hectáreas protegidas
La campaña se realiza en colaboración con la Federación de Cooperativas Agroalimentarias de la Comunitat Valenciana. Entre mayo y junio se han instalado cerca de 153.000 difusores de feromonas en más de 15.300 hectáreas de arrozal, tanto en el entorno del Parque Natural de l'Albufera como en los marjales de Pego-Oliva y La Llosa-Xilxes.
Cómo funciona la confusión sexual
La técnica utiliza feromonas sintéticas para dificultar que los machos y las hembras del barrenador se encuentren y puedan reproducirse. El sistema actúa únicamente sobre esta plaga, por lo que no afecta a otros insectos beneficiosos y evita la presencia de residuos de insecticidas sobre el cultivo. Por sus características, también resulta especialmente adecuado para zonas de alto valor ambiental.
La aplicación de esta técnica ha permitido reducir prácticamente por completo el uso de productos fitosanitarios. Frente a los tratamientos convencionales, que equivalen a unos 1,8 litros por hectárea, actualmente se utilizan unos 15 gramos por hectárea de difusores de feromonas, lo que supone una reducción del 99,2 %.
La única comunidad autónoma que la aplica en todo el arrozal
La Comunitat Valenciana es la única comunidad autónoma española que aplica esta técnica en la totalidad de su superficie arrocera. El sistema ha ido mejorándose con el apoyo científico del Centro de Ecología Química Agrícola (CEQA) de la Universitat Politècnica de València, lo que ha permitido reducir progresivamente el número de difusores sin perder eficacia.
50 puntos de control
Para comprobar los resultados, la campaña cuenta con 50 puntos de control distribuidos por las zonas arroceras valencianas. En ellos se vigila la presencia del insecto mediante trampas específicas y se realizan revisiones al finalizar la campaña para comprobar la incidencia de la plaga.
La actuación cuenta con una inversión anual de 400.000 euros y forma parte de las medidas de control de plagas aplicadas al cultivo del arroz para reducir el uso de productos fitosanitarios y proteger tanto las cosechas como los espacios naturales vinculados al cultivo.