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"A la fira no vages si no tens diners, que voràs moltes coses i no compraràs res". El refrán valenciano resume bastante bien lo que ocurre cuando uno se acerca a una feria: sales de casa pensando en dar una vuelta y acabas deteniéndote en cada puesto, probando algún producto, curioseando entre las piezas de artesanía o pensando qué llevarte de vuelta.
Y es que pocas cosas representan tan bien las tradiciones de nuestros pueblos como las ferias. Algunas llevan siglos celebrándose y otras han nacido alrededor de productos que forman parte de la identidad de cada localidad. Las hay para los amantes del buen comer, para quienes disfrutan descubriendo antiguos oficios y también para los que no se resisten a un mercado ambientado en otra época. De Xàtiva a Cocentaina, pasando por Enguera, Llombai o La Salzadella, recorremos 13 citas que merece la pena conocer.
Valencia
La Fira d’Agost es una de esas citas que Xàtiva espera cada verano. Desde 1250, la feria ha ido creciendo hasta convertirse en uno de los grandes acontecimientos de la ciudad y en una de las más antiguas de España. Durante varios días, sus calles se llenan de puestos de todo tipo: comercio, artesanía, productos gastronómicos, atracciones y espectáculos. Hay quien aprovecha para hacer alguna compra, quien va directamente a buscar algo para comer y quien simplemente se deja llevar por el ambiente y recorre la feria sin un plan establecido.
En Enguera, en cambio, basta con seguir el aroma del aceite para encontrar el hilo conductor de la feria. La Feria del Aceite pone en primer plano uno de los productos más ligados a la agricultura de la Canal de Navarrés. Los productores tienen aquí un espacio para dar a conocer sus elaboraciones y acercarlas al público, que puede descubrir las particularidades del aceite de la zona y llevarse alguna botella a casa.
En Ontinyent hay otro producto que tiene casi tanto protagonismo como la propia feria: la coca de fira. La Fira d’Ontinyent, que se celebra desde 1418, nació como un encuentro agrícola y ganadero y con los años ha incorporado puestos comerciales, atracciones y actividades para todos los públicos. Pero entre una vuelta y otra, merece la pena hacer una parada para probar esta coca tan vinculada a la celebración. Porque visitar la Fira también va de eso: de mantener costumbres que pasan de una generación a otra.
El vino es el gran protagonista cuando llega la vendimia a Requena. La Feria y Fiesta de la Vendimia rinde homenaje a una tradición que forma parte de la historia de la localidad y que se vive más allá de las bodegas. Durante la celebración se organizan actos populares, degustaciones y actividades relacionadas con la recogida de la uva.
En Llombai, la propuesta es bien distinta. El Mercado Renacentista de los Borja convierte el casco antiguo en un escenario de otra época y recuerda el vínculo del municipio con esta conocida familia valenciana. Entre puestos de artesanía y gastronomía, el mercado reúne músicos, personajes históricos y espectáculos de calle. También hay exhibiciones de cetrería, justas a caballo y recreaciones que acercan al visitante a la época de los Borja.
Y de los mercados renacentistas pasamos a los sabores de Ayora. Allí, la miel tiene su propia fiesta con El Primer Corte de la Miel, una feria en la que productores y puestos especializados muestran las distintas variedades de este alimento y sus posibilidades en la cocina. También hay espacio para los dulces elaborados con miel, así que quienes tengan debilidad por lo dulce probablemente encontrarán más de una tentación.
Castellón
Y saltamos de provincia para llegar a La Salzadella, donde la feria tiene un sabor muy concreto: el de las cerezas. La Fira de la Cirera, Art i Tradició reúne a productores que venden el fruto recién recogido y a puestos con elaboraciones que van mucho más allá de la fruta fresca: pastissets, licores, mermeladas, bunyols o cerezas cubiertas de chocolate. También hay espacio para la artesanía, con talleres demostrativos, y para la gastronomía, con platos preparados a partir de la cereza local. Una feria que refleja hasta qué punto este cultivo forma parte de la identidad del municipio.
El siguiente producto de la ruta es bastante diferente. En El Toro, la Feria de la Trufa gira alrededor de la trufa negra, uno de los ingredientes más valorados en la gastronomía. La feria acerca al público a este producto y al trabajo que hay detrás de su recolección, además de poner sobre la mesa sus posibilidades culinarias.
Y, ¿a quién no le gusta un buen queso? En Montanejos, este producto es el protagonista de una feria que reúne a productores y elaboradores artesanales con una amplia variedad de quesos. Es una ocasión para probar distintas texturas y sabores, comparar variedades y descubrir pequeñas producciones que no siempre llegan a los supermercados.
En Vila-real, la llegada de noviembre también trae una feria con mucha tradición. La Fira de Santa Caterina convierte las calles en un gran mercado al aire libre, con más de 250 puestos en los que se mezclan productos artesanales, alimentación, juguetes, belenes y dulces típicos de Navidad.
Alicante
La última parte del recorrido nos lleva hasta Cocentaina, donde la feria es mucho más que una cita en el calendario. La Fira de Tots Sants alcanza este 2026 su 680.ª edición y mantiene viva una tradición que comenzó en 1346. Durante los días de celebración, el municipio recibe a miles de visitantes y sus calles acogen una oferta muy amplia: desde artesanía y gastronomía hasta maquinaria, ganado, atracciones y recreaciones históricas. Esta edición, además, ha estado condicionada por el duelo oficial decretado tras el accidente ferroviario ocurrido en Toledo, que llevó a modificar los actos inaugurales y a suspender parte del protocolo previsto. Pese a ello, la feria vuelve a reunir una programación de gran alcance y conserva su reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Internacional.
De una feria multitudinaria pasamos a otra en la que cuesta no dejarse llevar por los dulces. Xixona celebra su Feria de Navidad alrededor del producto que ha hecho famoso al municipio: el turrón. Los puestos ofrecen distintas variedades, además de mazapanes y otros dulces propios de estas fechas. Para muchos visitantes, la gracia está precisamente en probar antes de decidir qué comprar y, de paso, adelantar algún encargo para las comidas navideñas.
Para cerrar el recorrido, nos detenemos en Llíber, donde la agricultura y los antiguos oficios vuelven a ocupar las calles con la Fira del Llaurador. Esta cita de la Vall de Pop recupera algunas de las tradiciones que durante generaciones marcaron la vida del municipio, especialmente el cultivo de la uva moscatel y la elaboración de la pasa. Uno de sus momentos más destacados es la escaldà, el proceso tradicional por el que se trata la uva antes de ponerla a secar para convertirla en pasa. La feria también cuenta con un mercado de artesanía, demostraciones de antiguos oficios, gastronomía, música y actividades para toda la familia. Incluso se puede ver la xafada de la uva para elaborar vino, otra de las prácticas que recuerdan el pasado agrícola de la localidad
Más allá de los puestos y las compras, las ferias siguen siendo una parte importante de la vida de muchos municipios. Algunas han evolucionado con el paso de los años, han ampliado su oferta y han incorporado nuevas propuestas, pero mantienen el vínculo con aquello que las vio nacer: la agricultura, la artesanía, la gastronomía o los oficios tradicionales. Son también un escaparate para los productores locales y una manera de acercar al público productos que forman parte de la identidad de cada comarca.
Las 13 citas de este recorrido muestran precisamente esa diversidad. Desde el aceite de Enguera o la cereza de La Salzadella hasta la miel de Ayora, la trufa de El Toro, el turrón de Xixona o la tradición de la pasa en Llíber. Cada feria tiene sus propias señas de identidad, pero todas comparten una misma capacidad: reunir a vecinos y visitantes y mantener vivas costumbres que han pasado de generación en generación.