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La Comunitat Valenciana fue la región de España donde más rayos se registraron durante la tormenta del pasado miércoles, con un total de 3.258 rayos nube-tierra, según los datos de Meteorage, filial de Météo France y socio de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la detección de este tipo de fenómenos.
Cataluña, con 2.215 rayos, y Castilla-La Mancha, con 1.457, completan el podio de las comunidades más castigadas por la actividad eléctrica de aquella jornada, aunque ninguna alcanzó la cifra registrada en territorio valenciano.
Castellón y Valencia, las provincias más afectadas
La tormenta comenzó a primera hora de la tarde sobre Cataluña y el interior peninsular, pero fue extendiéndose progresivamente hacia Castellón y Valencia, donde la actividad eléctrica alcanzó su momento de mayor intensidad entre las 19 y las 21 horas.
Buena parte de las descargas se concentraron también sobre el Mediterráneo occidental, en paralelo a las tormentas que continuaron desarrollándose antes de desplazarse hacia el mar Balear.
Más de cien litros por metro cuadrado en tres municipios
La actividad eléctrica vino acompañada de lluvias intensas en distintos puntos de la Comunitat. L'Eliana fue el municipio con mayor acumulado, con 113,6 litros por metro cuadrado, seguido de Chiva, con 108 l/m2, y Torrent, con 106 l/m2, según los datos de la Associació Valenciana de Meteorologia (Avamet).
Por qué preocupan más las lluvias que los propios rayos
Para Meteorage, el factor determinante en este tipo de episodios no es la intensidad de cada célula tormentosa, sino el tiempo que permanece sobre una misma zona. Cuando las tormentas se regeneran de forma continua sobre un mismo punto, explica la compañía, las precipitaciones acumuladas pueden convertirse en un peligro en muy poco tiempo, incluso sin que las células sean especialmente intensas.
Joris Royet, Weather Project Manager de Meteorage, ha señalado que cien milímetros de lluvia caídos en una hora generan un caudal que los barrancos no logran evacuar. Según Royet, en los episodios mediterráneos de otoño son las precipitaciones, y no los rayos o el viento, las que provocan más daños, mientras que el relieve del terreno determina finalmente dónde se acumula el agua.