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Las espigas blancas que estos días pueden verse en los arrozales valencianos no son un signo de maduración, sino la huella de una plaga. Se trata del cucat, un insecto que se alimenta del tallo y la espiga del arroz y que deja la planta sin granos formados, con un aspecto pálido y estéril. Así lo ha denunciado Javi Matoses, agricultor de Sueca y representante de AVA-ASAJA, que sitúa el problema en algunos campos con más del 70% de las espigas afectadas.
El tratamiento contra esta plaga depende de la Conselleria de Agricultura, a través del servicio de Sanidad Vegetal, que ha instalado unas barritas destinadas a inhibir la capacidad reproductora del insecto. Según Matoses, la medida no ha dado resultado, ya sea por haberse instalado tarde o por los compuestos empleados.
Para el sector, el ataque del cucat llega como el golpe final de una campaña ya castigada por varios frentes. Matoses enumera el encarecimiento del gasóleo, que se ha duplicado, y de los fertilizantes; la prohibición progresiva de materias activas como determinados herbicidas; la limitación de tratamientos en el entorno del Parque Natural de la Albufera; el avance de la piscicultura en detrimento del cultivo; y la entrada masiva de arroz procedente de terceros países ajenos a la Unión Europea.
A ello suma el fraude en el etiquetado, ya que las marcas no están obligadas a indicar el origen del producto y, según denuncia, recurren a menciones como "envasado en" junto a motivos y dibujos tradicionales valencianos que inducen al consumidor a pensar que el arroz procede de la Comunitat cuando en realidad se ha importado.
"Cuando nos queramos dar cuenta, ya no se hará arroz valenciano", advierte Matoses, que reclama políticas que frenen lo que considera un abandono progresivo del sector agrario y ganadero en un país que, subraya, fue líder en producción agraria.