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Hay encuentros que parecen escritos antes de suceder. El de Antonio Camaró y Pere Valenciano pertenece a esa clase de encuentros en los que el arte y el periodismo dejan de caminar por sendas diferentes para descubrir que, en el fondo, persiguen una misma misión: hacer visible al ser humano, tender puentes y llevar la belleza allí donde hace falta.
Por eso, el artista internacional Antonio Camaró ha querido ceder a Pere Valenciano su obra «Liberté, Mon Amour», en un gesto de reconocimiento personal y artístico hacia quien considera un periodista y editor independiente, de espíritu libre y con una notable presencia en la Comunitat Valenciana.
Para Camaró, Valenciano representa precisamente aquello que la obra simboliza: la libertad de crear, de caminar contra las dificultades y de mantener viva la voluntad de llegar a los demás.
Al frente de El Periódico de Aquí, Pere Valenciano ha construido durante años un proyecto periodístico profundamente arraigado en el territorio. Un periódico que no se limita a informar, sino que vertebra la Comunitat Valenciana, conecta municipios, comarcas y ciudadanos y concede espacio y voz a numerosas localidades que, sin ese trabajo de proximidad, podrían quedar alejadas de los grandes focos informativos.
Es una forma de periodismo que mira hacia donde otros no siempre miran: hacia los pueblos, las ciudades, las asociaciones, las fiestas, las iniciativas ciudadanas, los problemas cotidianos y las historias de personas que merecen ser contadas. Una red de voces que, juntas, construyen el relato plural de una Comunitat Valenciana diversa y viva.
Y ahí es donde Camaró encuentra el paralelismo con su propia creación.

En «Liberté, Mon Amour» aparece la figura del poeta descalzo, ese ser humano que continúa avanzando pese al frío, la intemperie, las dificultades y las heridas del camino. Un poeta que no renuncia a sus versos porque sabe que la belleza debe llegar a los demás incluso cuando las circunstancias son adversas.
La obra contiene, además, unos versos que adquieren una dimensión especial en este encuentro:
«No perdono a la vida desatenta
ni a la muerte enamorada».
Para Camaró, esas palabras contienen buena parte del espíritu de quienes, como Pere Valenciano, deciden no permanecer indiferentes ante lo que sucede a su alrededor.
El artista lo expresa con una declaración que resume el significado de esta cesión: «Admiro a las personas que son versos libres, que trabajan para crear puentes y no muros».
Y añade que esa admiración tiene mucho que ver con la labor desarrollada por Valenciano a través de su periódico: «Pere crea puentes donde muchos municipios y localidades no tendrían voz y gracias a él tienen su cabida y también su voz».
Camaró reivindica, además, a los soñadores. A quienes no abandonan un proyecto porque aparezcan piedras, dificultades o zarzas en el camino. A quienes siguen avanzando porque entienden que determinadas empresas no se emprenden únicamente para uno mismo, sino por el bien común.
En esa mirada aparece también el propio artista. Porque Antonio Camaró se reconoce en ese espíritu de libertad y en una concepción del arte profundamente vinculada al ser humano. Su trayectoria, con reconocimientos dentro y fuera de España, ha estado marcada por una búsqueda constante de la belleza, pero también por una defensa de la capacidad del arte para transformar la mirada y acercar a las personas.
Quizá por eso una de las frases más hermosas de Camaró sea también una de las más reveladoras:
«Lo que más me gusta de esta obra es la estrofa: “No perdono a la muerte enamorada ni a la vida desatenta”. Y reconozco que cuando llego a un lugar con mi pincel, descubro que un poeta ha llegado antes».
En este caso, el artista ha encontrado a ese poeta en un periodista.
Y el periodista recibe de ese artista una obra que, más que un cuadro, parece convertirse en un diálogo entre dos formas de libertad: la libertad de quien pinta y la libertad de quien escribe; la libertad de quien busca la belleza con un pincel y la de quien intenta encontrarla —y hacerla visible— a través de las palabras.
Antonio Camaró y Pere Valenciano se encuentran así en un territorio común: el de los versos libres que no levantan muros, sino puentes; el de quienes creen que la cultura, el periodismo y el arte tienen sentido cuando sirven para acercar a las personas; el de quienes siguen creando incluso cuando hace frío y el camino se vuelve difícil.
Porque quizá «Liberté, Mon Amour» no sea únicamente el nombre de una obra.
Quizá sea también una declaración de principios.