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Crítica de cine: EN MAR ABIERTO

EDUARDO CASANOVA
En Mar Abierto
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La primera media hora es una película de catástrofes aéreas muy digna; siquiera sea por la pericia empleada en la escalofriante recreación del siniestro. Superados esos preámbulos, se convierte en un filme que recupera muchos lugares comunes del llamado sharksploitation, el subgénero de películas con tiburones asesinos. En esta faceta no contiene demasiados alicientes, pese al buen ritmo con que transcurren sus 110 minutos de metraje. En conjunto, ofrece el olvidable, pero aceptable, entretenimiento veraniego que cabe esperar atendiendo al cartel y a su argumento.

En un vuelo comercial desde Los Ángeles a Shanghái, una batería defectuosa provoca que la bodega delantera del avión se incendie. Tras intentar apagar las llamas infructuosamente, la tripulación se ve obligada a amerizar en el océano Pacífico. La maniobra resulta más accidentada de lo que habían previsto los experimentados pilotos, ocasionando terribles daños en la aeronave. Por si fuera poco, los supervivientes acaban flotando en unas aguas infestadas de escualos voraces, que pronto comienzan a acecharles.

Al principio, sigue el esquema que ya aplicaban las producciones de desastres en los años 70 (Aeropuerto, La aventura del Poseidón, Terremoto, etcétera). El guion empieza presentando someramente por separado a los distintos protagonistas. Deja entrever los dramas, ilusiones y defectos que luego jugarán un papel determinante.

Los incidentes y momentos de pánico que se suceden durante la caída al mar son sobrecogedores. Dado su realismo, causan un mayor impacto que los posteriores ataques de los depredadores.

A continuación, se centra en la lucha por sobrevivir, explorando, sin sorpresas destacables, las relaciones humanas sometidas a una tensión y desesperación máximas. Con todo, en varios aspectos replica patrones propios del cine de terror. La ineludible amenaza letal, las malas decisiones, un individuo odioso, el orden de las víctimas mortales y los contratiempos graves así lo corroboran. Además, en los compases finales, acumula situaciones tremebundas.

Esta coproducción internacional ha contado con la participación española de Nostromo Pictures, materializada en diversos apartados técnicos. Sobresale la aportación del compositor Fernando Velázquez (El orfanato, Buffalo Kids). Firma una partitura que enriquece las imágenes y, al adentrarse en terrenos dramáticos, nos recuerda a su brillante trabajo para Lo imposible (2013). Detrás de las cámaras, se nota el oficio del veterano director finlandés Renny Harlin (La jungla 2: Alerta roja, Máximo riesgo, Deep Blue Sea).

Aaron Eckhart (Sully) y Ben Kingsley (Gandhi) encabezan un reparto coral que cumple en líneas generales.

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