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El deporte federado sigue ganando tamaño y la Comunitat Valenciana ofrece una buena fotografía de ese crecimiento. La Federació de Futbol de la Comunitat Valenciana cerró la temporada 2024/2025 con 135.980 licencias, 6.809 más que en el ejercicio anterior y alrededor de un 31 % por encima de la cifra registrada en 2018/2019. Son números que terminan trasladándose también fuera de los terrenos de juego.
El fenómeno no se limita al fútbol. El baloncesto español alcanzó en 2025 las 453.092 licencias, un 3 % más que el año anterior y cerca de un 20 % por encima de 2022. Cada nuevo equipo implica entrenamientos, competiciones y un uso continuado de instalaciones y material. Con el inicio de temporada, esa actividad vuelve a poner a prueba almacenes, presupuestos y sistemas de compra.
Más licencias significan también más material en circulación
El fútbol concentra buena parte del incremento registrado en la Comunitat Valenciana. La última temporada cerrada dejó 111.290 licencias en esta modalidad, mientras que el fútbol sala alcanzó las 12.097. También continúa aumentando la participación femenina, con más de 12.000 licencias vinculadas a Valenta.
Detrás de esas cifras existe una infraestructura cotidiana menos visible. Balones que pierden prestaciones, redes sometidas al uso diario, conos, petos, porterías, protecciones, carros, pizarras tácticas o material de preparación física forman parte de una actividad que se repite durante meses. Cuantos más jugadores y equipos utilizan ese equipamiento, mayor importancia adquiere planificar su reposición.
La compra tampoco responde únicamente al número de unidades necesarias. En las categorías de formación intervienen las edades de los deportistas, las dimensiones reglamentarias, la resistencia del producto y sus características de seguridad. Un balón, una canasta, una portería o una protección pueden necesitar especificaciones distintas según el nivel competitivo, el espacio disponible y la intensidad de utilización prevista.
Durabilidad y stock entran en la ecuación
DonDeporte, empresa alicantina dedicada al material y equipamiento deportivo, señala que esa evolución ya se aprecia en las necesidades de los colectivos que atiende en diferentes puntos de España. La compañía lo resume así: “Además del precio, pesan durabilidad, stock, asesoramiento y agrupar necesidades”.
La observación refleja un cambio relevante. Comprar veinte balones para entrenar no consiste únicamente en localizar veinte unidades. Hay que comprobar tallas, características de uso, disponibilidad para futuras reposiciones y adecuación al nivel deportivo. Algo parecido sucede con redes, porterías, canastas, bancos, material de entrenamiento o elementos destinados a instalaciones.
Precisamente alrededor de esas compras profesionales se articula DonDeporte PRO, orientada a la gestión de material deportivo para colectivos. Permite generar presupuestos en un clic, organizar pedidos y pagos y disponer de atención personalizada, además de apoyarse en un catálogo con más de un millón de unidades en stock y un sistema que devuelve un 1 % de las compras en puntos.
La diferencia está en tratar el material como una partida que necesita planificación, no como una sucesión de pedidos independientes. Cuando una organización conoce qué productos utiliza durante la temporada, cuánto duran aproximadamente y cuáles generan más reposiciones, puede anticipar mejor sus necesidades y reducir compras urgentes.
El calendario deportivo condiciona los pedidos
Septiembre y el arranque de las competiciones concentran buena parte de las decisiones, pero una gestión eficiente comienza antes. Los clubes revisan el material que sobrevivió a la temporada anterior, comprueban altas de nuevos equipos y calculan qué elementos necesitarán los técnicos. Además, pueden aparecer cambios de categoría que obliguen a utilizar otros tamaños o características.
En centros deportivos e instalaciones ocurre algo parecido. El reinicio de cursos, actividades dirigidas, escuelas municipales o competiciones aumenta el número de usuarios. La intensidad de utilización puede convertirse en un criterio de compra tan importante como las propias características técnicas del producto. No se exige lo mismo a una pieza destinada a un uso ocasional que a otra utilizada varias horas cada día.
Esta circunstancia explica también el interés por agrupar adquisiciones. Si diferentes secciones necesitan balones, material de delimitación, accesorios de preparación física o equipamiento para vestuarios, concentrar necesidades permite ordenar mejor el presupuesto. También facilita saber qué se ha comprado, cuándo y qué elementos probablemente habrá que sustituir durante el ejercicio.
Seguridad y homologación ganan importancia
El crecimiento del deporte base introduce además una cuestión especialmente sensible: una parte considerable del material se utiliza con menores. Porterías, canastas, protecciones, colchonetas y otros elementos deben elegirse teniendo en cuenta la actividad prevista y las condiciones de la instalación. El criterio técnico adquiere así un peso que no siempre resulta evidente al comparar productos exclusivamente por precio.
También existen diferencias entre entrenamiento y competición. Una entidad puede emplear materiales sencillos durante determinadas sesiones y necesitar otros con requisitos concretos para encuentros oficiales. Conocer de antemano las condiciones de uso evita adquirir equipamiento que después no responda a las exigencias del equipo o de la instalación.
La edad introduce otro nivel de complejidad. Tallas de balones, alturas, dimensiones y determinados accesorios cambian según las categorías. El crecimiento de las escuelas deportivas obliga, por tanto, a mantener inventarios más variados y a coordinar material para numerosos grupos que entrenan en una misma instalación.
El deporte mueve ya una estructura económica mayor
La expansión de la actividad deportiva también se aprecia en el mercado laboral. El empleo vinculado al deporte alcanzó en España las 270.200 personas en 2025, un 6 % más que durante el año anterior. El dato supone un nuevo máximo y sitúa este ámbito en el 1,2 % del empleo total del país.
No todo ese empleo está ligado directamente a clubes o competiciones. La actividad incluye una estructura económica que necesita instalaciones, gestión, servicios y suministro de equipamiento. El aumento de practicantes amplía también el trabajo que existe alrededor de cada entrenamiento, competición o espacio deportivo, aunque buena parte de esa actividad apenas resulte visible para el aficionado.
La Comunitat Valenciana tiene además un peso significativo dentro de ese ecosistema. Junto con Cataluña, Andalucía y la Comunidad de Madrid, figura entre los territorios que concentran más de la mitad de las empresas españolas cuya actividad principal está relacionada con el deporte. El crecimiento de las licencias ayuda a entender por qué la demanda asociada mantiene una dimensión relevante.
El material se convierte en parte de la gestión deportiva
La profesionalización no significa necesariamente adquirir productos más caros. Significa definir mejor qué necesita cada actividad. Un coordinador puede priorizar resistencia porque un mismo material será utilizado por varios equipos; un responsable de instalaciones puede valorar especialmente la seguridad; mientras que un departamento de compras necesitará controlar presupuesto, disponibilidad y forma de pago.
Los proveedores, a su vez, tienen que responder a esa combinación. El catálogo importa, pero también la posibilidad de localizar suficientes unidades, resolver dudas técnicas o preparar presupuestos adaptados a organizaciones que deben justificar sus gastos. La compra deportiva empieza así mucho antes de añadir productos a un pedido.
También cambia la manera de entender el stock. En una temporada con más equipos, quedarse sin determinados balones, redes o accesorios en un momento de alta demanda puede alterar una planificación ya cerrada. Mantener referencias disponibles y facilitar posteriores reposiciones aporta continuidad, especialmente cuando el mismo producto se utiliza en diferentes categorías o instalaciones.
Una temporada que se prepara también en el almacén
El récord valenciano permite observar el fenómeno a pequeña escala. Entre 2018/2019 y 2024/2025, la FFCV pasó de 103.918 a 135.980 licencias. Son más de 32.000 incorporaciones en seis temporadas completas, con el consiguiente aumento de equipos, sesiones de entrenamiento y utilización de instalaciones deportivas.
Al mismo tiempo, el crecimiento del baloncesto confirma que no se trata de una situación exclusiva del fútbol. Las 453.092 licencias registradas en 2025 amplían una base de practicantes que necesita espacios, equipamiento y organización durante toda la temporada. La dimensión del deporte amateur empieza a exigir procedimientos de compra propios de una actividad estable y de gran volumen.
Por eso, parte del trabajo de septiembre se decide antes de que ruede el primer balón. Revisar existencias, identificar material deteriorado, ajustar cantidades a los equipos inscritos y comprobar qué referencias será necesario reponer durante los meses siguientes se ha convertido en otra tarea del inicio de curso deportivo. En una estructura cada vez mayor, el almacén también forma parte de la planificación de la temporada.