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Una operativa de captación de inversores está utilizando el nombre y la imagen de BlackRock, una de las mayores gestoras de activos del mundo, así como la identidad de uno de sus responsables en España, Adolfo Favieres, para convencer a particulares de que depositen importantes cantidades de dinero en una supuesta plataforma de inversión. Los teléfonos desde los que escriben sus cabecillas, una tal Laura Martínez G., supuesta asistente personal del experto, es 618 03 58 60, mientras que el del propio usurpador de la identidad de Favieres es 686 88 63 72.
El Periódico de Aquí ha podido seguir desde dentro el funcionamiento del sistema, acceder a uno de los grupos de WhatsApp utilizados para la captación, analizar los mensajes enviados por los responsables, comprobar la utilización de la identidad de Favieres y documentar movimientos bancarios y solicitudes de transferencias. La investigación culminó con la confirmación directa del propio directivo de BlackRock.
«Es un fraude. En BlackRock nunca ofrecemos producto por esa vía. Ya nos lo habían comunicado por varias vías y se han tomado las medidas necesarias», aseguró Favieres a este periódico después de que el director de El Periódico de Aquí, Pere Valenciano, se pusiera en contacto con él para preguntarle expresamente por los grupos, la plataforma y la utilización de su nombre.
La respuesta despeja cualquier duda sobre la vinculación de BlackRock con una estructura que se presenta ante potenciales inversores como una oportunidad excepcional para obtener grandes beneficios mediante operaciones bursátiles, trading intradía, inteligencia artificial y supuestas operaciones reservadas a inversores institucionales.

Una publicidad como puerta de entrada
El recorrido seguido por este periódico comenzó a partir de una publicidad que aparentaba estar relacionada con Trade Republic y que animaba a invertir en productos supuestamente vinculados a BlackRock.
Desde ese primer contacto, el interesado pasa a recibir comunicaciones por WhatsApp y acaba siendo invitado a incorporarse a un grupo denominado “Círculo de Inversión Global”, cuya propia imagen utiliza de manera prominente la marca BlackRock.
Una persona que se presenta como “Laura Martínez G.” contacta directamente con el potencial inversor. En uno de sus primeros mensajes afirma: «Soy Laura, la asistente del profesor Adolfo Favieres».
La afirmación resulta falsa de acuerdo con el desmentido realizado por el propio Favieres.
A partir de ahí comienza una operativa cuidadosamente diseñada para generar confianza. El grupo funciona aparentemente como una comunidad de inversión en la que diferentes participantes aseguran estar realizando operaciones, transfiriendo importantes cantidades de dinero y obteniendo elevados beneficios.

La identidad de Adolfo Favieres, utilizada para dar credibilidad
Uno de los elementos que dota de mayor apariencia de legitimidad al sistema es precisamente la utilización de la identidad del directivo de BlackRock.
En los mensajes analizados aparece un usuario denominado “Adolfo Favieres”, acompañado incluso de una fotografía del verdadero ejecutivo. Desde esa cuenta se imparten supuestas explicaciones sobre inversión, trading institucional e inteligencia artificial y se anima a los integrantes del grupo a abrir y utilizar una denominada «cuenta inteligente».
En uno de los mensajes se insta a los nuevos miembros a activar esa cuenta cuanto antes porque supuestamente iba a producirse una «operación de bloque». El falso Favieres remite además a los interesados a «la señora Laura» para reservar su participación.
En otros mensajes se presentan esquemas que conectan una cuenta bancaria, una «casa de bolsa», una bolsa de valores y una supuesta “cuenta de inteligencia artificial”, con la que se pretende justificar la capacidad de ejecutar operaciones a gran velocidad y obtener rentabilidades muy superiores a las de una inversión convencional.
La sofisticación aparente de estas explicaciones contribuye a reforzar la imagen de profesionalidad ante el potencial inversor.

Rentabilidades del 5%, del 22% y hasta del 800%
Las promesas económicas que aparecen en las conversaciones resultan especialmente llamativas.
En uno de los mensajes se anuncia una operación de trading intradía con un beneficio estimado del 5% y otra denominada «operación de bloque» con un supuesto rendimiento del 22%.
La persona que se presenta como Laura va todavía más lejos. En otra comunicación habla del denominado “Sexto Plan de Crecimiento Patrimonial”, cuyo objetivo sería alcanzar nada menos que una rentabilidad del 800%.
Según explica ese perfil, las operaciones de bloque representarían un 200% de la rentabilidad total y existirían apenas ocho oportunidades, generando así un fuerte sentimiento de urgencia entre quienes participan en el grupo.
El mensaje insiste además en que las participaciones son muy limitadas y que la supuesta institución las distribuye en función del volumen de capital aportado. La consecuencia es evidente: se anima al potencial inversor a introducir la máxima cantidad posible de fondos.

Primero, inversiones creíbles en empresas de la Bolsa estadounidense
La operativa, sin embargo, no se limita desde el principio a pedir miles de euros ni a prometer rentabilidades imposibles. Antes de llegar a esa fase, los responsables intentan construir una relación de confianza mediante recomendaciones de inversión aparentemente normales.
Los participantes son animados a invertir en distintas compañías cotizadas en la Bolsa estadounidense, lo que aporta al sistema una apariencia de actividad financiera convencional y facilita que el recién llegado perciba que realmente está siguiendo recomendaciones bursátiles.
Estas primeras operaciones cumplen una función esencial: hacer que la víctima se acostumbre al funcionamiento del grupo, observe movimientos reales en valores conocidos y empiece a considerar creíbles las indicaciones de quienes se presentan como expertos.
La clave llega cuando alguna de esas inversiones genera pérdidas a corto plazo.

Si la inversión pierde, devuelven el dinero
En determinados casos, cuando una de esas primeras operaciones bursátiles registra pérdidas, la cantidad perdida es reintegrada al inversor.
Ese reembolso constituye uno de los ganchos más eficaces de toda la operativa.
Para la persona que acaba de incorporarse al sistema, recibir una compensación por una pérdida puede interpretarse como una prueba de solvencia, compromiso y fiabilidad. La sensación es que existe una organización seria detrás de las operaciones y que incluso los posibles resultados negativos están controlados.
Pero el mecanismo conduce después a un objetivo muy distinto.
Tras devolver el dinero perdido, los responsables animan al inversor a depositar esa cantidad en una de las cuentas indicadas por ellos y a añadir además una suma considerablemente superior, con el argumento de reinvertir conjuntamente el dinero y acceder a operaciones supuestamente mucho más rentables.
De esta forma, una devolución relativamente pequeña puede convertirse en el gancho para conseguir después una transferencia de varios miles de euros.
El objetivo no sería únicamente devolver la confianza perdida por una mala operación, sino utilizar ese reintegro como una especie de prueba de que el sistema funciona y de que el capital está seguro.
La víctima deja así de percibir el dinero devuelto como un simple reembolso y comienza a interpretarlo como una garantía implícita de que puede asumir riesgos mayores.
Urgencia, exclusividad y presión para aportar más capital
Los mensajes analizados responden reiteradamente a un mismo patrón psicológico: presentar cada inversión como una oportunidad difícilmente repetible.
«Cada oportunidad es un peldaño más hacia el crecimiento de vuestro patrimonio», se asegura en una de las comunicaciones, mientras se pide a los miembros que no dejen escapar ninguna operación.
La supuesta asistente insiste asimismo en que quienes quieran participar deben contactar con ella previamente para «reservar» plaza y asegura que quienes aportan mayores cantidades de capital obtendrán prioridad.
Se construye así una combinación de rentabilidad extraordinaria, escasez de plazas, autoridad financiera, urgencia temporal y presión para incrementar el capital, ingredientes destinados a provocar que la víctima tome decisiones con rapidez.
Un grupo repleto de supuestos inversores satisfechos
Otro aspecto especialmente significativo es la actividad de numerosos integrantes del grupo.
Durante las conversaciones aparecen participantes que aseguran estar dispuestos a invertir cantidades muy elevadas. Uno de los perfiles llega a escribir que reserva 300.000 euros para una operación.
Otros mensajes tienen una función diferente pero igualmente importante: normalizar las transferencias bancarias y neutralizar las dudas que puedan surgir cuando las entidades financieras advierten a sus clientes.
Uno de los participantes explica, por ejemplo, que mientras realizaba una transferencia recibió una llamada de su banco para preguntarle el motivo del envío del dinero y califica la intervención de la entidad de «pesadez».
Otro responde que también fue llamado por su banco y afirma haber dicho que el dinero era para su negocio.
Un tercer participante presenta los controles bancarios como una molestia e incluso llega a insinuar que las entidades financieras consideran a otras instituciones como «competencia directa».
No puede determinarse únicamente a partir de las conversaciones si todos estos perfiles corresponden a personas reales, a víctimas genuinas o a cuentas utilizadas para reforzar la apariencia de éxito del sistema.
Pero el efecto dentro del grupo es evidente: transmitir al recién llegado la impresión de que otros participantes están invirtiendo grandes cantidades, obteniendo beneficios y considerando innecesarias las advertencias de sus bancos.

Del asesoramiento bursátil a solicitar miles de euros
La operativa va evolucionando progresivamente.
Primero aparecen recomendaciones de inversión en valores cotizados. Después se introducen las supuestas ventajas del trading institucional y de la inteligencia artificial. Más adelante llegan las operaciones de bloque, las rentabilidades extraordinarias y las plazas limitadas.
Finalmente, la víctima es conducida a realizar transferencias de cantidades cada vez mayores.
En el caso documentado por El Periódico de Aquí, se llegó a solicitar una transferencia de 9.998 euros a favor de una sociedad denominada Tradewolf Benidorm s.r.o., mediante una transferencia SEPA Instant.
El destinatario, por tanto, no era BlackRock.
Este extremo constituye una de las señales más claras del mecanismo utilizado: después de construir durante todo el proceso una imagen asociada a BlackRock, a su marca y a uno de sus directivos, el dinero termina siendo solicitado a favor de una entidad diferente.
La estrategia de la confianza progresiva
La estructura analizada muestra una estrategia que va mucho más allá de una simple promesa de beneficios rápidos.
El potencial inversor no recibe desde el primer minuto una petición directa para transferir grandes cantidades. Antes pasa por distintas fases destinadas a reducir su desconfianza.
Primero, entra en un grupo aparentemente profesional.
Después recibe recomendaciones bursátiles.
A continuación observa testimonios de otros supuestos inversores.
Más tarde participa en pequeñas operaciones.
Si alguna genera pérdidas, puede incluso recibir una devolución.
Una vez consolidada la confianza, se presentan las oportunidades supuestamente excepcionales y se incrementa el capital solicitado.
La devolución de pequeñas pérdidas cumple así una función esencial: demostrar aparentemente que el sistema responde, que los responsables cumplen y que el dinero está protegido, cuando en realidad el objetivo final es conseguir que la víctima aporte una suma mucho mayor.
BlackRock ya conocía la existencia del fraude
La investigación dio un giro definitivo cuando este periódico contactó directamente con el verdadero Adolfo Favieres.
En el mensaje enviado al ejecutivo se explicaba que se estaban investigando una plataforma y varios grupos de WhatsApp que utilizaban tanto la marca BlackRock como su propio nombre para ofrecer inversiones.
También se le trasladó que existían capturas, información de la plataforma y movimientos bancarios.
La respuesta fue contundente:
«Es un fraude. En BlackRock nunca ofrecemos producto por esa vía. Ya nos lo habían comunicado por varias vías y se han tomado las medidas necesarias».
La declaración introduce además otro elemento relevante: BlackRock ya había recibido previamente otros avisos sobre esta operativa, lo que apunta a que el caso investigado por El Periódico de Aquí no sería aislado.
Una trama construida para parecer real
El sistema reúne prácticamente todos los elementos necesarios para resultar convincente a primera vista: una publicidad inicial, una marca financiera internacionalmente conocida, la fotografía y el nombre de un ejecutivo real, una supuesta asistente, un grupo lleno de inversores que dicen ganar dinero, recomendaciones de acciones estadounidenses, explicaciones técnicas sobre inteligencia artificial, devoluciones de pequeñas pérdidas, operaciones reservadas, rentabilidades espectaculares y una presión constante para aumentar el capital invertido.
Pero existe un dato que desmonta todo el relato.
El verdadero Adolfo Favieres no está detrás de esos mensajes. BlackRock no comercializa inversiones a través de ese grupo. Y el propio ejecutivo cuya identidad está siendo utilizada ha confirmado expresamente a El Periódico de Aquí que se trata de un fraude.
El caso demuestra hasta qué punto este tipo de estructuras pueden construir durante semanas una apariencia de absoluta normalidad antes de solicitar grandes cantidades de dinero.
No se trata únicamente de seducir con beneficios imposibles. El mecanismo busca ganar la confianza de manera gradual, permitir pequeñas operaciones, llegar incluso a devolver pérdidas y utilizar después esa credibilidad para conseguir transferencias mucho mayores.
La principal recomendación ante cualquier propuesta de este tipo pasa por no realizar transferencias hasta comprobar por canales oficiales quién está detrás de la inversión, verificar que la entidad y el intermediario están autorizados y desconfiar especialmente de cualquier oferta que prometa rentabilidades extraordinariamente elevadas en periodos muy cortos de tiempo.