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La compañía valenciana ha convertido un residuo voluminoso y difícil de gestionar —la espuma de los colchones que desechamos— en materia prima para paneles de aislamiento térmico y acústico. Un ejemplo de economía circularque empieza en un punto limpio y termina en el trasdosado de una vivienda.
Cada año se retiran en España cientos de miles de colchones. Ocupan volumen, se descomponen mal y durante décadas su destino casi automático ha sido el vertedero. Dentro de ese colchón, sin embargo, hay un material con una segunda vida perfectamente aprovechable: la espuma de poliuretano (PUR).
Desde Valencia, RECYPUR lleva años construyendo el proceso industrial que permite recuperarla. La empresa dispone de instalaciones propias para la recogida, el procesado y la transformación de espuma PUR postconsumo, lo que le permite controlar toda la cadena de valor: desde que el residuo entra por la puerta hasta que sale convertido en producto acabado. Ese producto tiene nombre propio: Recypren, una línea de paneles aislantes térmicos y acústicos con aproximadamente un 90% de poliuretano reciclado en su composición.
De la trituración al panel
El recorrido es más sencillo de explicar de lo que fue de resolver. El colchón usado llega a planta, se separa la espuma del resto de componentes y esa espuma se transforma en copos de poliuretano. Esos copos, prensados y conformados, constituyen el cuerpo del panel Recypren®.
La clave técnica está en que ese origen reciclado no penaliza el rendimiento. El aislante acústico de poliuretano trabaja simultáneamente sobre dos frentes: el ruido aéreo —conversaciones, música, tráfico— y el ruido de impacto, que es el más difícil de combatir en edificios de vivienda colectiva: los pasos del vecino de arriba, los golpes sobre el forjado. A esto se suma un comportamiento térmico que ayuda a reducir pérdidas de calor en invierno y ganancias en verano.
Una respuesta a un problema muy español
El parque residencial español tiene un problema de aislamiento bien documentado. Buena parte de los edificios se levantaron antes de que existieran exigencias serias en materia acústica y energética, y sus ocupantes lo notan cada día en la factura de la luz y en el ruido que atraviesa un tabique.
Los paneles Recypren® están orientados precisamente a ese terreno: trasdosados de paredes, falsos techos aislantes, suelos flotantes para reducir el ruido de impacto, tabiquería interior y rehabilitación acústica o térmica de espacios ya construidos. Su instalación se realiza con herramientas convencionales de obra y sin procesos húmedos, lo que reduce tiempos de ejecución y suciedad —un factor nada menor cuando se reforma una vivienda habitada.
Circularidad que se cierra
Lo interesante del caso RECYPUR® no es únicamente que fabrique con material reciclado, sino que el ciclo se cierra por completo: el panel es a su vez reciclable al final de su vida útil. No se trata, por tanto, de retrasar la llegada del residuo al vertedero, sino de sacarlo del circuito.
En un momento en el que la construcción sostenible ha pasado de argumento comercial a requisito en pliegos y certificaciones, disponer de un material con trazabilidad de origen y alto contenido reciclado deja de ser un valor añadido para convertirse en una ventaja competitiva concreta. Los prescriptores —arquitectos, aparejadores, constructoras— empiezan a pedir esa documentación de forma sistemática.
Industria valenciana, cadena corta
Conviene subrayar el componente territorial. Estamos ante una empresa valenciana que recoge residuo generado mayoritariamente en su entorno, lo procesa localmente y devuelve al mercado un producto fabricado aquí. En un sector tan dependiente de importaciones y cadenas de suministro largas como el de los materiales de construcción, la proximidad tiene un valor logístico y ambiental que rara vez aparece en los folletos, pero que se nota en el resultado.
El caso de RECYPUR® y sus paneles Recypren® ilustra bien una idea que la Comunitat Valenciana lleva tiempo defendiendo en materia industrial: la economía circular deja de ser un concepto abstracto cuando alguien monta la planta, resuelve la logística y consigue que el residuo de ayer sea el producto de mañana. En este caso, literalmente, que el colchón viejo acabe siendo la pared que por fin deja dormir tranquilo.