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Del marcador al algoritmo: cómo la tecnología ha cambiado nuestra forma seguir el deporte

Antes escuchabas los goles por la radio. Hoy tienes cien mil estadísticas previas y posteriores al partido, y análisis matemáticos de lo ocurrido. ¿Qué ha ocurrido?

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El deporte se sigue hoy también a través de pantallas y redes sociales / FunkyFocus
El deporte se sigue hoy también a través de pantallas y redes sociales / FunkyFocus

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Una cosa que recuerdo mucho de mi infancia, en el proceso de aficionarme al fútbol a través de mi padre, era la espera. No es que fuéramos al estadio, y nunca fuimos grandes seguidores. Simplemente nos gustaba, verlo por la tele si lo daban o, sobre todo, escucharlo por la radio. ¡Y siempre había que esperar! La espera previa al partido. El pitido inicial y el final. Y la espera a ver los goles y jugadas que habías oído. El telediario nocturno, el programa deportivo de altas horas, la prensa en papel del día siguiente… 

Hoy, el juego sigue siendo en esencia igual. Han cambiado detalles: el número de extranjeros permitidos, de cambios durante el partido, la forma de pitas el fuera de juego… pero son las mismas líneas, el mismo balón, los mismos postes. 

Lo que más ha cambiado es la forma de vivirlo. Ahora, la espera del acontecimiento está mucho más llena, e incluso el mismo partido lo vemos con un ojo en la pantalla: estadísticas en tiempo real, revisiones de jugadas, comentarios en las redes… la tecnología ha transformado la forma en que seguimos el deporte, igual que transforma todo lo demás

Del resultado al dato

El primer gran cambio en la forma de vivir el deporte fue la inmediatez de internet. Las webs de resultados y diarios deportivos primero, y luego las apps móviles, acabaron con las esperas: los resultados te llegan de forma instantánea. 

A eliminar la excitación de la incertidumbre, pues, el cerebro debe buscarse otros placeres. Fueron los datos. El marcador o el resultado final ya es insuficiente: queremos saber cuántos kilómetros ha recorrido un futbolista, la fuerza de su chut o la velocidad de un saque de tenis, el porcentaje de posesión (este ítem alcanzó su cima en España con el Barça de Guardiola y sigue siendo una de las armas de los blaugrana y de la Selección española), la ubicación del lanzamiento de cada triple, la diferencia entre dos pilotos concretos en el último Gran Premio. 

Datos que hace unas décadas quedaban en manos de entrenadores y especialistas (si es que alguien los tenía) ahora forman parte de la discusión pública y del entretenimiento puro y duro. Ahora, en los corros de amigos, además de lo bueno que es tal o cual jugador, se habla de mapas de calor, de estadísticas avanzadas y otros términos impensables para generaciones anteriores. 

La atención dividida y el ocio de doble pantalla

En una investigación de la firma Deloitte sobre aficionados estadounidenses, encontraron que el 77% de ellos realizaba alguna actividad adicional mientras miraba un partido de lo que fuera. Esa actividad solía estar relacionada, aunque no siempre. Consultar estadísticas, usar las redes sociales para comentar en vivo, o seguir otros partidos a la vez, eran las actividades más habituales. Jugar a juegos RPG de fondo no tanto, ni tan relacionado, si bien hablamos de ocio. 

Es decir: ni tenemos el 100% de la atención puesta en lo que estamos viendo, ni consumimos únicamente ese encuentro, sino todo el ecosistema de información y actividades alrededor. 

Esto, claro, es más acusado cuando más bajas en la pirámide de edad. Más del 90% de los millenial y Z, según esta misma investigación, consumen contenido deportivo vía redes sociales. 

Y ello implica, también, que no acaban de elegir lo que ven.

Cuando el algoritmo elige el siguiente vídeo

Cuando tienes poca información para elegir, eliges cuidadosamente la que consumes. Cundo tienes demasiada información para elegir, necesitas que alguien te haga la curación y seleccione lo mejor. Pero, ¿qué es lo mejor? Eso no lo sabe nadie, ni tú. Así que en la marea digital de internet, esto lo decide un algoritmo. 

El algoritmo no es sabio. Es ciego e idiota y terrible como un dios cósmico de Lovecraft, se limita a ver lo que consumes, y sacar conclusiones precipitadas sobre lo que quieres ver.  

El ejemplo clásico es la persona que se mira en Instagram unos reels con recetas de cocina, y en cinco minutos tiene el teléfono lleno de cocineros amateur poniendo caras de asombro mientras mastican falsamente su comida.  

El ejemplo doloroso es mi madre que, enferma de cáncer, buscó algunas informaciones sobre pañuelos y turbantes, y ahora tiene las redes llenas de contenido sobre cáncer. Ella a lo mejor solo quiere entrar un momento a reírse de algo, despejarse, o mira, ver algo de fútbol. En cambio, el algoritmo ha decidido que a ella le interesa el cáncer, y por tanto su feed va a estar lleno de quimioterapia y cabezas peladas. 

El deporte sería el ejemplo más positivo y útil de este servicio de curación algorítmica: si los videos con polémicas sobre fútbol los saltas al minuto, y en cambio te tragas entero los resúmenes de partido y los análisis serios, seguramente el contenido futbolero que encuentres será así. Y al revés. Si lo que te va es la riña y el meme, eso lo dominara todo. 

La parte mala es todo lo que no sabías que te podía interesar, y que te acabarás perdiendo en pos de unas preferencias burdísimas. Por no mencionar los problemas que puede acarrear la IA generativa

Microocio en un único dispositivo

Dos cambios muy relevantes en la forma de seguir el deporte desde casa es que, por un lado, nuestra sociedad ha aprendido a fragmentarlo todo en tiempos cortitos (microjuegos en un viajecito de tren, un poquito de redes en la sala de espera, un email en la cola del súper…), y por otro, que todo lo que haríamos en esos ratos cortitos lo tenemos en un único dispositivo, que es el móvil. 

Así es fácil desviar la atención. Ya no es solo la media parte: ahora es la pausa para hidratación, una falta con tangana que se salda con varias tarjetas y varios minutos perdidos… o incluso una etapa del partido si está muy aburrido. Todos estos son momentos ideales para entrar en X o en Bluesky a discutir con alguien, a IG con una foto de postureo, o de jugar al LOL un rato, a leerse el horóscopo, a jugar ruletas, blackjack o tragaperras online con dinero real en PlayUZU o algún otro casino, a apostar a ese mismo partido, o a whatsappear con tu cuñado del equipo contrario para tocarle las narices. 

Sí, sin duda, ya no seguimos el deporte como antes.  

Pero no es ni mejor ni peor. 

Simplemente es el signo de los tiempos.  

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