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Por qué una ficha de casino solo vale dentro de su casino: del marfil al chip de radio

El Bellagio retiró las fichas robadas para impedir que el atracador pudiera canjearlas, mientras algunas piezas de casinos desaparecidos alcanzan grandes precios entre coleccionistas

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Un atracador salió del Bellagio con unos 1,5 millones de dólares en fichas. Siete semanas después intentaba venderlas a escondidas. Una ficha no equivale al dinero: su valor depende de que la casa emisora la reconozca y la acepte. La única caja que podía pagarle era la del casino al que acababa de robar.

Del marfil a la arcilla que no es arcilla

En el siglo XIX se jugaba con oro, monedas o piezas de marfil y hueso; estas últimas eran fáciles de falsificar. Desde la década de 1880 aparecieron las fichas de composición, de arcilla con goma laca, moldeadas a presión y de tamaño uniforme. De ahí que se las siga llamando "fichas de arcilla", aunque desde los años cincuenta ninguna lo es del todo: se prensan con una mezcla más resistente cuya fórmula guarda cada fabricante.

La uniformidad no dice de quién es: cada casino tiene sus colores del canto y su incrustación, y en general no acepta las ajenas. Un billete vale en cualquier tienda; una ficha, solo ante quien la emitió, así que cada casino necesita distinguir las suyas de cualquier copia. Ese problema no existe en un casino con dinero real por internet, donde no hay disco que copiar: el saldo del jugador es un apunte en el sistema del operador.

Tinta invisible y un chip de radio

Según el fabricante GPI, sus fichas pueden llevar pigmentos ultravioleta, pigmentos láser y hologramas, y, como medida más avanzada, un chip RFID incrustado que las hace "extremadamente resistentes a la falsificación". Wynn Las Vegas abrió en 2005 con fichas RFID pensadas contra los robos de los propios empleados y las copias. La idea de estos sistemas es que un lector compruebe cada ficha y marque como no válida la que sale de una mesa sin autorización.

Un jugador llevó en 2014 a un torneo de póquer de Atlantic City fichas encargadas por internet a un fabricante chino, con un adhesivo que imitaba el logotipo del casino. En dos días entraron en juego 800.000 dólares en fichas falsas. Para deshacerse de ellas, el jugador tiró cientos por el inodoro de su habitación de hotel, y fue la fuga en las tuberías, el 16 de enero, la que las sacó a la luz. El torneo, previsto para tres semanas, se suspendió al día siguiente. Eran fichas de torneo, sin valor en efectivo: lo que falseó fue su peso en la partida.

Cuando la casa deja de reconocerla

Contra el robo de fichas auténticas, la casa puede dejar de reconocerlas. El Bellagio retiró sus fichas de 25.000 dólares, abundantes en el botín, y dio hasta abril para canjearlas: quería hacer salir al ladrón. Anthony Carleo cayó antes: en febrero de 2011, en el propio Bellagio, intentaba vender fichas de 25.000 a un policía de incógnito.

Una ficha sin canje no siempre pierde su valor. Desde 1988 existe un club de coleccionistas, fundado como Casino Chips & Gaming Tokens Collectors Club y hoy llamado Casino Collectibles Association, con convención anual en Las Vegas. Las más buscadas son las de casinos cerrados. Del Golden Goose, que cerró en 1980, se hicieron al menos 5.000 fichas de 5 dólares en 1976 y solo se conoce una, vendida en esa convención por 75.000 dólares.

Carleo solo podía cobrar su botín ante su víctima, y el Bellagio, además, le puso fecha de caducidad. La ficha del Golden Goose muestra el otro extremo: cuando el casino ya no existe, su valor puede depender de la escasez para los coleccionistas.

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