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¿Quién le iba a decir al nacionalismo valenciano que llegaría a ocupar la vicepresidente de la Generalitat, la vicepresidencia de la Diputación de Valencia, la alcaldía de Valencia, amén de decenas de alcaldías a lo largo y ancho de esta nuestra Comunidad, y la cuota de poder correspondiente del Gobierno valenciano y la institución provincial valenciana?
Por primera vez, el nacionalismo valenciano conseguía articular un proyecto solvente y bien implantado por todas las comarcas, Compromís, que ya le habla de 'tú a tú' al PSPV-PSOE, que ostenta la mayor cuota de poder en mucho tiempo, con el peor resultado electoral de su historia.
Compromís tenía ante sí una oportunidad de oro para seguir creciendo y ocupando un espacio valencianista que necesita tener voz propia en Madrid, sin consignas de partidos nacionales, como le ha sucedido históricamente a los representantes valencianos del PP y del PSOE. Después de dejar malherida la organización por las disputas respecto a la cuestión de si pactar con Podemos o no, la decisión final de ir en coalición con el partido de Pablo Iglesias, coloca especialmente al Bloc Nacionalista Valencià en una postura de debilidad frente a los grandes triunfadores, Iniciativa del Poble Valencià y su lideresa, Mónica Oltra, quien desearía dar el salto a Madrid en un gobierno liderado por su admirado Pablo Iglesias.
En el supuesto improbable de que Podemos fuera la fuerza sobre la que pivotara el próximo gobierno, de nuevo un partido nacional volverá a marcar los tiempos y las inversiones en toda España, de manera que Compromís sería uno más a los que contentar, entre muchas otras fuerzas nacionalistas que también han decidido presentarse junto a Podemos en las elecciones generales.
En definitiva, el éxito que se le espera a la coalición Podemos-Compromís -aunque en política, 2+2 no siempre suman 4, ahí está el pacto IxC y Sí es Pot en las autonómicas catalanas- puede ser pan para hoy y hambre para mañana, si finalmente las fuerzas que componen Compromís acaban rompiendo por culpa de desviarse del horizonte que les llevó un día al éxito electoral.
Que en política, ya lo hemos visto muchas veces, la memoria es demasiado corta.