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Laspersonas nos comunicamos a través del lenguaje. Algo que puederesultar una obviedad, pero a veces no lo es tanto. Porque ellenguaje, pensado para unir a las personas, puede resultar uninstrumento de desunión. O un arma arrojadiza, según para qué.
¿Porqué digo esto? Pues ni más ni menos que por lo que estamos viviendoestos días. Nos hemos encontrado, de golpe y porrazo, con un Consejode Ministros –nombre oficial- que tiene más ministras queministros. Así que por más que se empeñen en emplear el denominadomasculino genérico, normativo según la RAE, queda cuanto menosraruno. Por no decir invisibilizador, que también.
Segúnesas normas lingüisticas, si dijéramos “Consejo de Ministras”estaríamos refiriéndonos a un órgano con presencia exclusivamentefemenina. La inclusión de un solo varón muta el nombre almasculino, puesto que no se emplea el neutro en las personas. Tampocotine nuestra lengua, como el inglés, unos artículos polivalentes, ounisex, si lo prefieren. Así que hay que ir al masculino o a laduplicación, “ministros y ministras”, que tampoco parece gustara los señores –y señoras, aunque bien pocas- de la RAE.
Pero¿qué razón hay para que la lengua castellana haya decidido usar elmasculino como genérico? O mejor, ¿qué razón hay para no querercambiarlo si cambian las circunstancias?
Nohe leído más argumento que el de afirmar que así se establece y laverdad es que me parece un poco pobre. Es como decir que la razón esporque así se ha hecho siempre, por más que se haya bendecido porlos académicos, que fueron hombres a lo largo de los tiempos.
Lalengua refleja la realidad de la sociedad en la que vive. Por eso serevisa periódicamente y cosas que antes hubieran sido impensables ynos hubieran supuesto un 0 en ortografía, como escribir “setiempre”u olvidar la tilde de “solo” cuando es adverbio, hoy sonpermitidas y santificadas. Y la realidad, cuando se empezó a fijarpor escrito la lengua, es que determinadas profesiones –o lamayoría, salvo “maestras” y poco más- eran ejercidas porhombres. Así que era normal hablar de “Consejo de Ministros”porque esa era la realidad.
Ahora,por suerte, es otra. Y en estos momentos más que nunca. No tienesentido aferrarse a una norma que puede cambiar y revisarse para seradaptarse la realidad.
Tampocosería la primera vez. Pese a que nadie admite hablar de “vocales”y “vocalas”, no existe ningún problema en hablar de “concejalas”porque se ha ido extendiendo su uso. Y hasta el ejemplo que usa muchagente para resistirse tiene su réplica. Quienes insisten en queperiodistas, estilistas o trapecistas no van a cambiar a periodistos,estilistos y trapecistos olvidan que así se hizo cuando convino con“modistos”, porque los varones que se dedicaban a ellonecesitaban diferenciarse de las mujeres, que lo de “modistas”mucho más de andar por casa.
Laotra opción sería la de utilizar términos neutros, como han hechoalgunos colegios profesionales al sustituir el tradicional “Colegiode Abogados” o “de Psicólogos”por “Colegio de la Abogacía”o “de la Psicología”. Así, podriamos hablar de “Consejo deGobierno” sin que a los señores de la RAE se les abrieran lascarnes.
Lalengua debe ser tan dinámica como lo es la sociedad. Y si se adaptaa nuevas realidades para otras cosas, no debería resistirse ahacerlo en esta. También al lenguaje le corrsponde avanzar para sercada vez más iguales.
SUSANAGISBERT
(TWITTER@gisb_sus)