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En el año 2001, Esquerra Unida, llevó a cabo una campaña contra la quema de harinas cárnicas en la cementera local. Veinte años ya de esa acción que denunciaba la incineración indiscriminada de todo tipo de residuos, productos químicos, harinas cárnicas, neumáticos y demás. Con la incineración de estos elementos se aumenta el riesgo de liberar a la atmósfera dioxinas, furanos y metales pesados, compuestos químicos tóxicos y cancerígenos que, posteriormente, llegan a nosotros a través de los alimentos o, directamente, respirándolas.
Dos décadas después, nada ha cambiado. Lafarge sigue incinerando, con el beneplácito y complicidad de la Generalitat, y encima vamos a peor con el anuncio del gobierno autonómico y central de empezar en breve a quemar los residuos sanitarios infectados con coronavirus en varias cementeras, entre ellas, la de Sagunto. Muchos contras y ningún pro en una incineración que sospechamos que está más que decidida.
A la emisión de partículas tóxicas y cancerígenas se le suma al riesgo para los trabajadores de la cementera, obligados a manipular residuos de infectados por COVID y expuestos a una primera línea de contagio de manera innecesaria por muchas garantías que ofrezcan. Encima, en plantas que no están diseñadas para la quema de estos restos. Por no hablar de una instalación, la de Lafarge, prácticamente ubicada en casco urbano, con el aumento de riesgo para la población.
Desde EU, que llevamos veinte años denunciando estas prácticas,pensamos que, en tiempos de cambio climático y de compromisos en defensa del medio ambiente, no es viable la opción de la incineración de residuos. Y más cuando existen otras alternativas con mucho menos impacto para el medio, para los trabajadores de la planta y para la gente que vamos a respirar ese aire. La alternativa ya la han puesto encima de la mesa colectivos como Ecologistas en Acción. Que estos residuos COVID sigan el tratamiento convencional, es decir, desinfectados y esterilizados y, posteriormente, tratados como residuos ordinarios para recuperar los materiales reciclables y reutilizables una vez desinfectados y limpios.
Y es que la lucha contra el COVID no debe hacernos olvidar otras luchas. La de mejorar el aire que respiramos, la de mejorar las condiciones y seguridad de los trabajadores de la cementera, la de caminar hacia otro modelo de gestión de residuos y, por supuesto, la lucha contra el cambio climático.