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El vigésimo primer año del tercer milenio, el año 2 de laera COVID ha entrado con fuerza. Con los cimientos de nuestra sociedad sacudidospor los efectos de una pandemia desbocada, el gobierno sigue ausente de su mayorresponsabilidad, gestionar la cogobernanza su “arma secreta” para atajar lacrisis entre todos. Incompetencia o irresponsabilidad que solo genera incertidumbrese inseguridad jurídica, abandonando a su suerte a las Autonomías y Ayuntamientos.Instalados en la gestión de la propaganda gubernamental, se han lavado lasmanos en la gestión de la pandemia, esperando a que escampe. Unainstrumentalización indecente ,obviando la cruda realidad que vivimos.
Un escenario dantesco del que solo podemos salvar la llegadade las ansiadas vacunas y el nuevo Plan Marshall europeo para afrontar losefectos de la crisis. Dos inyecciones de esperanza que ponen en valor unasolidaridad global que ha resultado imprescindible, uniendo ingentes esfuerzos públicosy privados, políticos y científicos, por encima de fronteras y gobiernos.Lamentablemente ese halo de esperanza se ve nublado en nuestro país por lamanipulación torticera del gobierno, no solo por la falta de una efectiva yeficiente cogobernanza de un plan nacional de vacunación (solo hay que ver elejemplo israelí) sino por la discrecionalidad que Sánchez va a ejercer para el“reparto” de esos fondos, haciendo caso omiso a las recomendaciones de la UE.
Con el Parlamento secuestrado, la sociedad bloqueada yexhausta física y psicológicamente, el BOE de final de año ponía blanco sobrenegro esa hoja de ruta monclovita. La maquinaria de propaganda rinde a plenorendimiento, permitiendo a Sánchez marcar el rumbo que a él le conviene.Mientras, utiliza a sus aliados liderados por su Vicepresidente como arietespara seguir insistiendo en sus cleavages. Una efectiva estrategiapolítico-electoral que cala en el subconsciente colectivo, generando unaincomprensible apatía en una sociedad que en otras circunstancias y con otrosgobiernos hubiera estallado ante tanta incompetencia, irresponsabilidad ymanipulación.
Esta nueva casta exponente de la Nueva Política, ha venido asubvertir nuestro marco de convivencia, generando una sociedad subsidiada ysometida a los potentes aparatos ideológicos que el Estado controla, como biendescribía Althusser: la Religión, el Sistema Educativo, la Familia, la Justicia,la Política, el Mundo Laboral, los Medios de Comunicación y la Cultura. Estamosasistiendo al proceso de deconstrucción progresiva que están sufriendo todosellos, con beneficiosos resultados para el nuevo César. Una calculada maniobrade distracción ideológica que evita acometer las tan necesarias reformas quenuestra sociedad necesita. Las mismas que Europa nos reclama para poder atajarel descuadre histórico de nuestras cuentas públicas. Deuda, paro y gasto públicodisparados pese a las advertencias. Un escenario crítico para una sociedad quesigue empobreciéndose al tiempo que envejece, abocando a nuestros jóvenes a unaderiva peligrosa que lastra su futuro y el de todos.
Polarización, doble moral, desmemoria histórica, irreflexión,vulgarización, esclavitud intelectual de una masa social secuestrada por losnuevos populismos. La nueva religión que sacude la cultura del esfuerzo, latolerancia, la confianza, el perdón y la resiliencia, virtudes cotidianas queIgnatieff nos descubría y que deberíamos recuperar para forjar una nuevaargamasa social y cosmopolita. Empieza este AnnoDomini con toda la escenografíaprogresista mundial pendiente del cambio en la presidencia de la primerademocracia del mundo. Mucho de lo que venga por delante dependerá de esa nuevaAdministración, pero aquí, en España, tenemos nuestros deberes por hacer.Necesitamos un reseteo democrático para seguir avanzando en medio de tantaadversidad. Un reseteo que nos ayude a romper las cadenas de la nueva censurade las redes sociales, altavoces del totalitarismo ideológico populista. Un reseteopara articular fórmulas colaborativas que nos permitan despertar de este malsueño. Un reseteo para inmunizarnos de todos los virus, con una buena inyecciónde virtudes cívicas.