Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
No sé vosotros, pero yo, laverdad, es que nunca en mi vida he tenido que reflexionar tanto sobre elconcepto, significado e importancia de la Libertad que durante este largo confinamiento.Yes que tengo una relación altamente pasional con ella y ¡esto desde siempre !
En realidad, no he tenido que esperar la llegada del coronavirus para tener unsentido muy muy agudo de lo que es la Libertad, con L mayúscula, o su falta. Yade niña, noté que era de las cosas más importantes de la vida; una riqueza, unpoder, un tesoro, o sea, algo imprescindible por lo cual se tenía que luchar.
Ami humilde nivel, tuve que empezar muy pequeña para ganar poco a poco máslibertad. A mis padres les pedía a gritos dejarme más libertad yautonomía, pero eran otros tiempos. Me marcó. Luego, a mis 16 años, me pasóalgo increíble: gané un concurso de poesía sobre la Libertad y eso mepermitió representar a la juventud francesa en Nueva York durante lascelebraciones oficiales del bicentenario de la Estatua de la Libertad, conNancy Reagan, François Mitterand y otras personalidades. Otro buen motivo paraamar y respetar la Libertad.
Luego, en clases de Filosofía, era un temarecurrente: había que hacer correr ríos de tinta sobre eso. Más tarde y másmayor, pensaba gozar de una libertad total, pero me dí cuenta de que era relativo yque la libertad es a veces un mero espejismo. Ya tenía claro que mi Libertad seacaba dónde empieza la de los demás y que tenía que usarla con cabeza, perousarla y disfrutarla.
Luego, viajando por el mundo como periodista, le cogímuchísimo cariño a la Libertad de prensa, de opinión y de expresión, viendo queen algunas partes ni existía. Hice mía la bonita frase de Pierre Beaumarchaisque escribió “la Libertad se desgasta sólo si no se usa” y así hasta marzo de2020.
Algo dado por sentado, algotan normal y básico, de repente ¡me la quitan! ¡A mí y a millones de personasen el mundo! Y eso, sin ser culpable de nada, sin haber cometido ningúncrimen. Soportar la multitud de restricciones, mezcladas a unas cuantas nuevasobligaciones, ha sido para todos una experiencia durísima, más aún cuandoalgunas medidas eran incoherentes o contradictorias.
Intentar garantizar laseguridad sanitaria colectiva ha sido el argumento siempre esgrimido; pero ¿nose podía contar con la auto-responsabilidad de la gente? ¿Era imprescindibleinfantilizarnos, casi humillarnos, con ese despliegue de medidas? ¿Hacía faltaponer detrás de cada uno de nosotros un policía, unos drones, helicópteros ycontrol digital a través de nuestros teléfonos? ¿Era necesario que cualquierciudadano se sintiera como si fuera un narcotraficante en busca y captura yendosólo a por pan?
Vale, estoy exagerando un poco, pero esa especie detotalitarismo sanitario, que carecía de pedagogía, tendrá, lo sabemos, un costeeconómico y social altísimo, y me temo que también paguemos un precio alto connuestras libertades individuales. Hay que tener cuidado porque a veces es demasiado pronto para darse cuenta de que es demasiado tarde. Espero sólo equivocarme.
*Directora de www.valencia-expat-services.com