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Recientemente nos golpeaba una terrible noticia. Había fallecido Alfredo, un hombre de 29 años de Puerto de Sagunto, a quien le acabó superando la vida. Alfredo, hijo de mi querida amiga Ana, deja viuda y dos niños huérfanos de padre. Quería dedicarle unas breves palabras, a él que está en el cielo, porque era un ángel, y a la familia y amigos que lo lloran desconsoladamente. Alfredo padecía TLP, Trastorno Límite de la Personalidad. Era una persona enferma. Ése era su problema, su único y verdadero problema. Un problema del que no era culpable. Tenía esa enfermedad, como tantas personas que tienen otras y se les complica muchísimo la vida. Desgraciadamente, no tratamos ni hablamos de las enfermedades mentales tanto como debiéramos. El TLP es un trastorno de la salud mentalpor el cual una persona tiene patrones prolongados de emociones turbulentas o inestables. Qué culpa tenía Alfredo de ello. Ninguna. Era un genio. Una persona incomprendida y que luchó por integrarse en una vida que no era para él. Un ángel con un corazón enorme, buena gente y trabajador. Te fuiste porque no encajabas en este mundo. Ojalá en otra parte encuentres tu camino. Tu familia y amigos no te olvidaremos y siempre estarás en nuestros corazones y recuerdo.