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Pasado el Carnaval y metidosen plena Cuaresma, seguimos inmersos en plena carrera contra el virus. Unacarrera que ya empieza a desgastar a propios y extraños mientras, desde Moncloa,siguen marcando el día a día en esta piel de toro para mayor gloria de Sánchez.Una efectiva política de comunicación que marca, dirige, enfatiza, difumina,anula, impulsa y controla todo lo que se mueve. Como bien dijo el míticovocalista de The Doors, Jim Morrison, “Quien controla los medios de comunicación,controla las mentes”. Un aforismo que manejan a la perfección y así nos va.
Laotrora octava economía del mundo (hoy somos la decimocuarta) se convulsionatras un año de gestión pandémica. Mientras se dispara la deuda improductiva, elgobierno sigue ahogando a las empresas y autónomos. Hemos prestado el menorapoyo al tejido productivo de todos nuestros socios, malgastando la confianza dela UE y el BCE como uno de los países con mayor volumen de recursos disponibles.Todo un gran despliegue de “anuncios” sobre las supuestas “ayudas” que se hanquedado en eso. Anuncios que llegan tarde (el muro burocrático esinfranqueable) mal (las incongruencias de la letra pequeña y de loscondicionantes para acceder son totalmente excluyentes) y totalmenteinsuficientes, mientras la presión fiscal e impositiva ha aumentado y loscostes empresariales también. Si alguien buscaba un cambio del “modeloproductivo”, esa cantinela ideológica que tanto ha gustado siempre alsocial-comunismo, esta crisis le está viniendo como anillo al dedo. No es queno se dejará a nadie atrás. Es que no va a quedar nadie de pie.
Mientras,la factoría monclovita más interesada en desviar la atención del respetable queen tapar las vías de agua que nos llevan irremediablemente al fondo, sigue encantadacon su útil y servicial Vicepresidente podemita, alfil ideológico y sociointeresado. No tenemos bastante con la que está cayendo, que encima se propiciael incendio y asalto de las calles para denunciar la anomalía democrática en laque vivimos desde hace cuarenta años. Vivir para ver. Ni Iglesias podría llegara más ni Sánchez a menos. Todo vale para demoler el espíritu del 78.
Una perfomance delprogresismo neomarxista y su bien pertrechada guerrilla urbana, mientrasalcanzamos los 100.000 fallecidos por el COVID, 300.000 autónomos siguen sintrabajar y un millón no ganan ni el SMI, los ERTES se disparan (900.000), elparo real roza los 6’8 millones de personas y la deuda pública sube a su nivelmás alto desde la Guerra de Cuba, tras alcanzar el 117% del PIB. Toda unarealidad difuminada por el potente aparato mediático del gobierno que con lapandemia e Iglesias de escudo, nos ocultan que España se descuelga de larecuperación de la OCDE y la Eurozona por octavo mes consecutivo.
Vivimos en un gran país apesar de sus gobernantes. Un país donde la complicidad con la violencia no esadmisible, ni asumible, ni justificable. Con un horizonte negro, no podemosperder un minuto blanqueando a los que jalean su estulticia, burlándose delEstado de Derecho. Es mucho lo que nos jugamos para caer en el juego deaquellos que si son una verdadera anomalía democrática. Ante el silencioatronador de algunos que van repartiendo carnets de demócratas, la sociedadespañola vuelve a verse en una encrucijada histórica. Con el peor gobierno enel peor momento, solo la sociedad civil puede servir de eficaz contrapeso a lasacometidas populistas, porque como bien advertía Tácito, “Para quienes ambicionan elpoder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio”.