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Humanidad, el antídoto del frío

Ana Gómez
Ana Gómez

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El termómetro vuelve a bajar estos días.Pasa cada invierno. No es ninguna novedad. Pero parece que sea sólo estos díascuando pensemos en quienes no tienen techo para refugiarse.

En Valencia nos hemos acostumbradodemasiado a ver cómo hay personas durmiendo en la calle. Tanto es así, queincluso las hemos hecho invisibles. Y sin embargo, ahí están, ocupando cajeros,bancos, patios con cubierto cuando se cierran las oficinas o las luces sesuavizan.

Es curioso que, por ejemplo, el pórticode la antigua sede central de Hacienda de Guillem de Castro hoy en día sea elcobijo de muchas personas sin hogar por las noches. Quién sabe si años atrásesas personas eran contribuyentes. Es posible que las circunstancias adversas,la enfermedad o las adicciones les hayan arrojado a la calle. Hoy seguramenteno cotizan, no cuentan, no existen.

Me consta que hay ciudadanos que se hanido agrupando por iniciativa propia en grupos de ayuda que se encargan deproporcionarles alimentos y algo de abrigo con cierta frecuencia. También hayorganizaciones no gubernamentales con una gran trayectoria y experiencia en elapoyo al colectivo de personas sin hogar. Y además existe un Servicio deAtención a Urgencias Sociales municipal que se ocupa de dar respuesta aemergencias sociales.

El factor común de todas estas accioneses la Humanidad: Hacer que estas personas abandonadas a su suerte sean vistas yescuchadas es volver a contar con ellas, animarles a salir de ese círculo depobreza extrema, insistir para que vuelvan a existir.

Esta semana visité el recurso de personassin hogar de Cruz Roja, que activa el Ayuntamiento de Valencia con motivo decondiciones meteorológicas adversas. El año ha empezado frío, y el voluntariadoacumula ya muchas jornadas pasando la noche allí, dando albergue a personas sinhogar. Las caras expresan agotamiento físico pero satisfacción e ilusión.

Allí pernoctan unas 20 personas de media,cada una con una historia detrás, con una situación diferente. Por lo general,prefieren no hablar, sólo descansar. Hay quienes sufren las consecuencias delas adicciones y sólo quieren encontrar la paz por unas horas. Hay quienes unacadena de despropósitos y mala suerte les ha llevado a verse en la calle. Lamayoría son hombres, y su salud deteriorada les ha deformado el aspecto.

Estas noches frías han sido laoportunidad para que algunos de ellos hayan decidido pedir ayuda para salir dela espiral. Ya sólo por ello, habrá valido la pena el esfuerzo, dicensatisfechos los voluntarios.

Mi admiración para quienes han sabidohacer de su Humanidad, antídoto contra el frío de personas sin hogar duranteestas gélidas noches de invierno.

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