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Desde la llegada de VOX al Congreso y a otros parlamentos autonómicos como el nuestro, se hansaboteado multitud de declaraciones institucionales de apoyo a lasvíctimas y los recursos destinadosa la lucha contra esta violencia estructural se están reduciendo a causa de los pactos de gobierno con este partido negacionista. Además, lapandemia no ha ayudado a mejorar la situación, y a consecuenciadel confinamiento las administraciones hemos tenido que reconfigurar los recursos asistenciales yadaptarlos a esa nueva realidad enla que, si no era posible salir de casa, ¿cómo iban a salir todas esas mujeres de sus contextos de violencia?Los mismos recursos digitales queen situación de normalidad nos conectan y tejen redes de apoyo dejanser útiles porque, en la mayoría delos casos, las víctimas no tienen autonomía ni privacidad. Los serviciosde atención psicológica, social y jurídica no sirven si no son presenciales. Entonces, ¿cómo vamos a asegurar la protección de todas estasmujeres? Sólo se me ocurre que lasolución pasa por volver a los orígenes y coordinar una “nueva” gestióncolectiva de protección y cuidados.
Del mismo modo que la crisis sanitaria nos ha hecho volver la cabeza hacia modelos de vida más pausados y conectados con el entorno,en la lucha contra la violencia las estructuras de apoyo deben volver a laescala humana, y las instituciones,allá donde nos dejen, debemos darsoporte e impulsar estas comunidades, dotar con recursos materialesy humanos los equipos de ayuda yfomentar la reflexión académica ysocial de la violencia endémica ytransversal que nos golpea.La falacia antifeminista estáirrumpiendo en nuestras instituciones y hay que tomar partido,porque la equidistancia noes una postura legítimacuando de lo que se trataes de subyugar a la mitadde la población