Ir al contenido principal

Mayores, no idiotas

Susana Gisbert
Susana Gisbert. /EPDA
Susana Gisbert. /EPDA

Añadir El Periódico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora

Somosmayores, no idiotas. Con esta frase iniciaba una campaña unseptuagenario, preocupado por el cierre de las oficinas bancarias yel consiguiente fin de la atención personal en algo tan necesario enla vida diaria de cualquiera.

Suiniciativa ha conseguido cientos de miles de firmas. Y lo que terondaré, morena. Porque tiene más razón que un santo. Los bancos,como otras muchas entidades, han aprovechado el tirón de ladigitalización para, como hacen siempre, arrimar el ascua a susardina, y convertir algo que debería revertir en beneficio de laciudadanía en algo que beneficia a los bancos. Porque, en vez demejorar la vida de sus clientes, lo que han hecho es mejorar susbeneficios, reduciendo al mínimo el personal y al máximo lasexpectativas de ganancia.

Yo,que tengo unos cuantos años menos que el instigador de esta campaña,también he sufrido en mis carnes el problema del que habla, y esoque yo manejo ordenador y dispositivos con habitualidad, aunque seaal famoso nivel usuario, que no significa otra cosa que “medefiendo como puedo”. Pero ya hace tiempo que, para pagarimpuestos, presentar instancias y muchas otras cosas te mandan sinpiedad alguna al cajero, y solo a determinadas horas, pese a que aveces hay un señor mirando desde la oficina. Como se atasque laranura, se trague la tarjeta o el cajero se declare en huelga, vasaviada. Podemos ‘perder la oportunidad de acceder a algo a lo quetengamos derecho, quedarnos sin matricularnos del curso oarriesgarnos a pagar intereses por no haber pagado el recibo atiempo.

Recuerdolos tiempos en que las personas mayores iban a “su” banco -Cajade Ahorros, en muchos casos- y pasaban la mañana mientras lesexplicaban si les convenía abrir un plazo fijo, les ponían al díala cartilla o les aconsejaban sobre cómo sacar un dinerito extrapara dejárselo a los nietos. Incluso en su cartera.

Perotambién recuerdo, y no con nostalgia precisamente, tiempos no tanlejanos en que algunos desaprensivos se aprovecharon de esa confianzade las personas mayores en el personal del banco para endosarles lastristemente conocidas acciones preferentes, que amargaron los últimosdías de vida de mucha gente. Entonces nadie les mandaba al cajero,ni dolía el tiempo empleado en atenderlos. Y el banco sacaba unabuena tajada, aunque al final, justicia mediante, les haya salido latorta un pan. Pero que les quiten lo bailado ¿O sería mejor decir“lo birlado”?

Bravopor esta iniciativa y su autor. Ojalá le hagan caso

Sobre el autor

Susana Gisbert
Susana Gisbert
Ver biografía
Lo más leído