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Como observador de la realidad, y tras participar el pasado fin de semana en la fiesta de Sant Antoni del barrio, las escenas no dejaban espacio a la duda. Cabañero, exultante, recibió al exalcalde Alberto Fabra, -ciudadano Alberto que fue un alcalde mediocre-, y expresidente de la Generalitat -el peor jefe del Consell de la historia y que no aportó nada para Castellón-, senador territorial, rescatado ahora para encabezar la lista de los popularistas para las elecciones autonómicas, y lo pastoreó por las calles durante la procesión del santo, sin separarse de él como si todavía tuviera competencias para resolver los todavía problemas que arrastra el barrio. Hasta tal punto fue el ‘compadreo’ de Cabañero con el ex que el homenajeado de la fiesta, el periodista José María Arquimbau, quedó marginado en el cortejo y caminaba acompañado de su esposa fuera del lugar de honor que le correspondía.
Y, no digamos, los concejales del PSOE, José Luis López y Pili Escuder, estos sí con mando en plaza, que quedaron desplazados de forma deliberada. Yo, del grupo municipal socialista me plantearía no volver al Grupo San Agustín y San Marcos mientras no se le pase la ‘popularitis’ que sufre el presidente vecinal, quien no ha escondido nunca sus preferencias políticas que, por una cuestión de decoro, tendría que guardarse para símismo, y seguir trabajando por sus vecinos, y recordarle también que el verdadero cambio que experimentó su barrio fue en 1989 cuando, con un gobierno autonómico del PSOE, el enclave fue declarado de acción preferente y dotado de los recursos y dotaciones necesarias que rompieron su marginalidad.