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Hasta no hace mucho, justo antes deque nos cerraran el mundo, hablar de “primera vez” solía tener un componentesexual, aunque ignoro por qué razón. Si alguien se refería a “su primera vez”,sin apellidos, era casi seguro que aludía a la primera vez que tuvo sexo.
Por supuesto, no era una regla invariable.Se podía hablar de la primera vez que alguien se subió a un escenario, quehabló en público, que publicó un libro, que montó a caballo y hasta que terminósu primer macetero de macramé, según los gustos de cada cual. Pero lo que sí esinvariable es que se trata de algo que marca de algún modo. Nadie, que yo sepa,recuerda la primera vez que comió macarrones o que bebió agua del grifo.
Pero, como ha ocurrido con todo, lascosas han cambiado, y nos enfrentamos a múltiples primeras veces. Tenemos laoportunidad de vivir como un privilegio algo a lo que antes creíamos tenerderecho por el mero hecho de respirar.
No me avergüenza confesar que la primeravez que pisé la calle después de dos meses sin hacerlo me cayeron las lágrimas.Tenía la sensación de que el mundo se había detenido de pronto, y le tocabavolver a girar, aunque no en el punto que lo dejó. Ahí estaban, para atestiguarlo,algunos restos de las luces de las abortadas Fallas, propaganda en las tiendasal respecto y hasta escaparates decorados con petardos de pega. Nunca hubieracreído que pisar la calle me hubiera hecho llorar, pero tampoco había pensadoantes que las Fallas pudieran suspenderse,
Luego, han sido unas primeras vecesdetrás de otras. La primera vez que vi a mi madre después del encierro, laprimera vez que vi el mar, el primer café en una terraza, el primer encuentrocon amigas o cualquier otra primera vez después del confinamiento.
Tengo la impresión que en un futuro nodemasiado lejano, contaremos las cosas tomando como referencia esteconfinamiento. Ahora, a la espera de mi primer baño en el mar tras él,comprendo cómo se sentían aquellas personas que contaban que habían visto elmar por vez primera.
Tal vez nos hacía falta una pandemiapara aprender a apreciar las cosas. Sobre todo, esos abrazos que tenemospendientes y para los que todavía tendremos que esperar un poco.
Así que, mientras llegan, que llegarán,aprovechemos para saborear cada una de esas primeras veces que nos llegan denuevo. Estrenemos esos regalos a los que no hicimos caso en su día. Una segundaoportunidad para una primera vez. Vale la pena.
SUSANAGISBERT
Fiscal
(Twitter@gisb_sus)