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Chicos, ¿Cómo lo llevamos?Jode un poco mucho todo esto ¿verdad? Pues ¡claro que sí! No sé a vosotros, peroa mí el coronavirus ya no me está gustando mucho. Al inicio, debo confesar queno me daba tanto miedo ni afectaba demasiado a mi día a día. El bicho estabaallí en China, confiaba ciegamente en la competencia de los científicos eincluso de los políticos (hay que ser idiota ¡¿eh?!), y tampoco tenía tiempopara pensar con la vida tan ajetreada que llevaba.
En realidad, empecé apreocuparme cuando los chinos levantaron el hospital gigante de Wuhan en 10días. Esto fue para mí la prueba de que algo serio estaba pasando. Luego,leyendo y escuchando a millones de personas, todos médicos, científicos,especialistas, políticos, epidemiólogos, virólogos, biólogos, y expertos, me dicuenta de que había millones de ideas, de certezas, de interpretaciones, deopiniones, de afirmaciones y predicciones sobre el tema.
Lo mismo en micírculo; mis amigos y conocidos, tanto en España como en otros países (desdeluego mi agenda ilustra perfectamente lo que es la mundialización), cada unotenía una opinión sobre nuestra situación. Alucinaba que, teniendo más o menostodos acceso a la misma información (mejor dicho a una avalancha deinformación y desinformación), podíamos pensar y actuar de maneras tandistintas.
Me sorprendía ver, ya a principios de febrero, a un amigo mudarse a unpueblecito perdido en la montaña para ponerse en cuarentena cuando nadie aquíse planteaba ni que a lo mejor habría que suspender las Fallas. Vi a amigosasustados, y previsores a la vez, hacer acopio en el super, semanas antes de quese declarase el estado de alarma. Otros cancelaban sus viajes, otros comprabanmascarillas, guantes y geles mientras que los demás se iban a las mascletás.Era cuando había opción, claro. Cuando según el prisma de cada uno, se podíaactuar de una manera o de otra.
Ahora lo que marca la diferencia es nuestrafuerza interior. Es verdad que no somos del todo iguales a la hora de vivireste confinamiento: no sólo por si estamos en una mansión de 400 metros cuadrados en plenanaturaleza o en un pisito de 60 metros, pero también y sobre todo, por nuestramanera de manejar los miedos y la incertidumbre, por nuestra aptitud de adaptarnos a un cambio drástico, de sacar alegría cuando cuesta más y de optarpor el optimismo cuando se contagia con más facilidad el pesimismo.
Si, efectivamente, esta crisis nospermite (perdón, nos obliga) a detenernos para poder pensar, pues hay queaprovecharla porque, seguramente, tenemos que recapacitar de manera colectiva eindividual : ¡mirad si tenemos temitas de reflexión,ytiempo para hacerlo!
A ver, el tema de la salud por supuesto y de nuestravulnerabilidad, de los verdaderos héroes que son los que trabajan en loshospitales, de la lacra de los fake news, de la familia, de la fe,de la felicidad, de la responsabilidad, o falta de responsabilidad mejor dicho,de los que nos gobiernan, de nuestro modelo económico, de nuestra manera de consumir,de repartir, de ayudarnos, etc. ¡La lista es larga !
A parte de reflexionar, podemos también relativizar: nuestros abuelos fueron llamados para ir a la trinchera y a nosotros nospiden quedarnos en el sofá. Y en las trincheras os aseguro que no tenían niNetflix, ni WhatsApp, ni siquiera papel higiénico. Aunque dure 4 o 6 semanas más yasuste un poco el panorama, nunca se debe perder ni la esperanza, ni el sentidodel humor, ni lapaciencia, nisiquiera la sonrisa. ¡Ánimo chicos que podéis !
*Directora de www.valencia-expat-services.com