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29 de noviembre

SANTI ROVIRA.
Alberto Núñez Feijóo en una imagen de archivo.
Alberto Núñez Feijóo en una imagen de archivo. // EPDA

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El próximo 29 de noviembre puede representar, para quienes creemos que España necesita abrir una nueva etapa, algo más profundo que una fecha en el calendario.

Puede ser una invitación a mirar hacia delante sin renunciar a aquello que merece ser conservado; a construir una España nueva sin avergonzarnos de su historia; a renovar nuestras instituciones y nuestra sociedad sin perder los principios que nos han permitido llegar hasta aquí.

Puede ser, en definitiva, un día para contarnos a nosotros mismos.

Un Día de la Hagadá.

Hagadá —הגדה— significa «relato», «narración», aquello que se cuenta y se transmite. Procede de la raíz hebrea h-g-d, «hacer saber», «contar», «declarar».

Y hay algo profundamente político en el acto de contar.

Una comunidad que deja de contar su historia acaba perdiendo también la capacidad de comprenderse. Porque la memoria no es simplemente aquello que ocurrió: es aquello que una generación decide transmitir a la siguiente.

Por eso la tradición judía habla de Zikaron —זיכרון—, memoria, recuerdo.

Pero zikaron no es una mirada inmóvil hacia atrás.

Es una memoria que actúa sobre el presente.

Recordar quiénes fuimos para decidir quiénes podemos llegar a ser.

Una nueva España no debería construirse desde el olvido, sino desde el Zikaron.

No desde la división, sino desde el Achdut —אחדות—, la unidad.

No desde el miedo, sino desde la Tikvá —תקווה—, la esperanza.

No desde la resignación, sino desde la Achrayut —אחריות—, la responsabilidad.

Y no desde la mera búsqueda del poder, sino desde el Sherut —שירות—, el servicio.

Porque la política, cuando merece ese nombre, no consiste en preguntarse cuánto puede obtener uno de una sociedad, sino cuánto está dispuesto a hacer por ella.

Herut: la libertad

Aquí aparece quizá la palabra fundamental:

Herut —חרות—: libertad.

En la tradición de Pésaj, la salida de Egipto no es solamente la liberación de un pueblo de la esclavitud. Es el comienzo de una existencia nueva.

Israel no es liberado simplemente de algo.

Es liberado para algo.

La libertad tiene un propósito.

Y esa distinción sigue siendo esencial.

Una sociedad libre no es aquella en la que nadie tiene obligaciones, sino aquella en la que las personas pueden asumir libremente responsabilidades.

La libertad sin responsabilidad puede convertirse en arbitrariedad.

La responsabilidad sin libertad puede convertirse en imposición.

Pero libertad y responsabilidad juntas pueden convertirse en civilización.

Por eso Herut necesita caminar junto a Achrayut.

Libertad y responsabilidad.

Derechos y deberes.

Autonomía y compromiso.

La mezuzá: el umbral

Y entonces aparece la imagen de la mezuzá.

La Torá ordena:

«Las escribirás en las jambas de las puertas de tu casa y en tus puertas» (Devarim 6,9).

En la puerta.

En el umbral.

La mezuzá permanece allí cuando entramos y cuando salimos. Lleva la memoria de la palabra al lugar exacto en que abandonamos un espacio y entramos en otro.

Es una memoria colocada en el umbral.

Y quizá también España necesite sus propias «mezuzot»: principios que permanezcan en nuestras puertas cuando todo lo demás cambie.

Que nos recuerden, antes de entrar en una nueva etapa, qué cosas no estamos dispuestos a olvidar.

La dignidad.

La libertad.

La familia.

El trabajo.

La justicia.

El esfuerzo.

La comunidad.

El servicio.

La responsabilidad.

No como palabras solemnes, sino como principios vividos.

Dor: una generación que recibe y entrega

Hay otra palabra hebrea especialmente hermosa:

Dor —דור—: generación.

La Hagadá no habla solamente de lo que sucedió una vez. Habla de lo que cada generación debe volver a contar.

Porque cada dor recibe algo que no ha creado completamente.

Recibe una historia.

Recibe una lengua.

Recibe unas instituciones.

Recibe una cultura.

Recibe una patria.

Y recibe también la responsabilidad de transmitirlas.

No somos propietarios absolutos de aquello que hemos recibido.

Somos, en cierto sentido, sus custodios.

Por eso una generación puede preguntarse:

¿qué España hemos recibido?

Pero la pregunta verdaderamente importante es otra:

¿qué España vamos a entregar?

Ahí comienza la responsabilidad.

Brit: el compromiso

La palabra Brit —ברית—, alianza, expresa también una idea esencial.

Una comunidad no se mantiene unida únicamente porque sus miembros compartan un territorio. Se mantiene unida cuando existe algún tipo de compromiso que los vincula entre sí.

Una sociedad necesita una brit cívica: un compromiso con la dignidad de cada persona, con la libertad, con la ley, con la convivencia y con el futuro de quienes todavía no han nacido.

No se trata de que todos pensemos igual.

Se trata de que podamos construir juntos sin dejar de ser diferentes.

Eso es comunidad.

Eso es Achdut.

Unidad no significa uniformidad.

Derekh: el camino

Y finalmente está Derekh —דרך—: camino.

Una nueva España no aparece mágicamente al final de una elección, de una reforma o de una legislatura.

Es un derekh.

Un camino.

Y todo camino comienza atravesando un umbral.

Quizá por eso las tres imágenes encajan entre sí:

La Hagadá nos enseña a contar.

El Zikaron nos enseña a recordar.

La mezuzá nos enseña a llevar esa memoria hasta el umbral.

La Herut nos recuerda que somos libres.

La Achrayut que esa libertad exige responsabilidad.

El Achdut que no caminamos solos.

La Tikvá que el futuro todavía puede ser mejor.

El Dor que cada generación recibe y transmite.

La Brit que nos compromete con los demás.

Y el Derekh que nos recuerda que el futuro no es un lugar al que llegamos: es un camino que construimos.

Un nuevo comienzo

En Simjat Torá, cuando termina la lectura de Devarim, no se deja a la comunidad ante un final vacío.

Inmediatamente comienza Bereshit.

El final conduce al principio.

La última palabra abre la primera página.

Y quizá esa sea una de las imágenes más hermosas para una nación que quiere comenzar una nueva etapa.

No tenemos que arrancar las páginas anteriores.

Tenemos que escribir las siguientes.

No necesitamos olvidar nuestra historia.

Necesitamos aprender de ella.

No necesitamos avergonzarnos de nuestras raíces.

Necesitamos hacerlas capaces de sostener nuevos frutos.

No necesitamos elegir entre tradición y futuro.

Necesitamos tener la inteligencia suficiente para saber qué merece permanecer y qué debe cambiar.

Porque renovar no es destruir.

Renovar es discernir.

Conservar.

Corregir.

Transformar.

Y comenzar.

Por eso el 29 de noviembre puede convertirse simbólicamente en nuestro Día de la Hagadá.

Un día para contar.

Para recordar.

Para transmitir.

Para preguntarnos qué significa hoy la libertad.

Para asumir que toda libertad exige responsabilidad.

Para recuperar la esperanza.

Para volver a sentirnos parte de una comunidad.

Para atravesar juntos el umbral hacia una nueva etapa.

Hagadá. Zikaron. Herut. Achrayut. Achdut. Tikvá. Dor. Brit. Derekh.

Nueve palabras.

Nueve ideas.

Una misma dirección.

Contar nuestra historia.
Recordar de dónde venimos.
Defender nuestra libertad.
Asumir nuestra responsabilidad.
Reconstruir nuestra unidad.
Recuperar nuestra esperanza.
Pensar en nuestra generación.
Renovar nuestro compromiso.
Y caminar juntos hacia el futuro.

Que el 29 de noviembre sea, así, el día en que España se cuente a sí misma.

El día en que una generación mire hacia atrás sin quedarse atrapada en el pasado y mire hacia delante sin renunciar a sus raíces.

El día en que comprendamos que la memoria no es una cadena, sino una brújula.

Que la libertad no es ausencia de responsabilidad, sino la capacidad de asumirla.

Que las raíces no impiden crecer: permiten hacerlo.

Y que una nación no demuestra que está viva porque nunca cambie, sino porque es capaz de cambiar sin dejar de saber quién es.

Porque quizá la verdadera grandeza de una generación consista precisamente en eso:

recibir con gratitud,
recordar con verdad,
transformar con valentía
y entregar con esperanza.

Y cuando llegue el momento de cruzar el umbral, que sepamos qué queremos llevar con nosotros.

Nuestra historia, para no olvidarla.

Nuestra Herut, para defenderla.

Nuestra Achrayut, para ejercerla.

Nuestra Tikvá, para compartirla.

Y nuestro Derekh, para recorrerlo juntos.

Porque todo final puede ser también un principio.

Y toda puerta, cuando se abre, puede conducir hacia una nueva historia.

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SANTI ROVIRA.
SANTI ROVIRA
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